Capitán Tormenta, El

Dentro del vasto y dorado panteón de la historieta española, existe una obra que, aunque a menudo camina a la sombra de gigantes como *El Capitán Trueno* o *El Jabato*, brilla con una luz propia e intensa: El Capitán Tormenta. Creada por el legendario guionista Víctor Mora y magistralmente ilustrada por Ambrós (Miguel Ambrosio Zaragoza), esta serie representa la quintaesencia de la aventura marítima y el espíritu de capa y espada que definió a la Editorial Bruguera durante las décadas de los 50 y 60.

La historia nos traslada al siglo XVIII, una época de grandes navíos, imperios en expansión y un mar que era tanto un camino hacia la gloria como una tumba para los imprudentes. El protagonista de esta epopeya es Carlos de la Riva, un joven y aristocrático oficial de la Armada Española que, bajo el sobrenombre de "Capitán Tormenta", se convierte en el azote de los enemigos de la corona y en el defensor de los oprimidos en los confines del mundo colonial.

A diferencia de otros héroes de la época que se movían en contextos medievales o fantásticos, el Capitán Tormenta está firmemente anclado en la era de la Ilustración, aunque pasada por el filtro del romanticismo heroico. La trama nos sumerge en una atmósfera de pólvora, salitre y acero. Carlos de la Riva no es solo un espadachín excepcional; es un estratega naval y un hombre de honor inquebrantable que debe navegar no solo por aguas turbulentas, sino también por las complejas intrigas políticas de una Europa dividida.

El escenario principal de sus andanzas suele ser el Mar Caribe y las costas americanas, un territorio donde la ley se escribía con el filo de un sable. Allí, el Capitán Tormenta se enfrenta a una galería de antagonistas memorables: desde pérfidos almirantes británicos y corsarios sin escrúpulos hasta gobernadores corruptos que traicionan la confianza del Rey. Sin embargo, el cómic evita caer en el maniqueísmo absoluto, dotando a menudo a los encuentros de una elegancia caballeresca donde el respeto entre rivales dignos es moneda corriente.

Uno de los pilares fundamentales de la obra es la dinámica de sus personajes secundarios. Siguiendo la fórmula maestra de Víctor Mora, el protagonista no viaja solo. Lo acompaña una cohorte de aliados que aportan el contrapunto necesario a su seriedad y heroísmo. Estos personajes no solo sirven de alivio cómico, sino que son piezas clave en la resolución de los conflictos, demostrando que la lealtad y la amistad son los tesoros más valiosos que se pueden hallar en alta mar.

En el apartado visual, el trabajo de Ambrós es, sencillamente, prodigioso. Tras haber alcanzado el éxito masivo con *El Capitán Trueno*, el artista volcó en *El Capitán Tormenta* toda su madurez creativa. Sus dibujos capturan con un dinamismo asombroso el movimiento de las olas, el crujir de las maderas de los galeones y la coreografía frenética de los duelos a primera sangre. Cada viñeta está cargada de una energía narrativa que obliga al lector a pasar la página con urgencia, sintiendo casi el viento en la cara y el olor a mar.

*El Capitán Tormenta* no es solo un cómic de acción; es un canto a la libertad y a la justicia en un mundo que empezaba a despertar a la modernidad. A través de sus páginas, se exploran temas como el sacrificio, el deber y la lucha constante contra la tiranía, todo ello envuelto en el celofán de la aventura más pura. Para el lector contemporáneo, acercarse a esta obra es realizar un viaje en el tiempo, no solo a la época en la que se ambienta, sino a una forma de entender la narrativa gráfica donde la imaginación no tenía límites y cada entrega semanal era una ventana abierta a un horizonte infinito.

En definitiva, esta obra se erige como un pilar del "tebeo de aventuras" español. Es una lectura imprescindible para entender la evolución del cómic en España y para disfrutar de una historia donde el honor todavía se defendía en la cubierta de un barco bajo el estruendo de los cañones. El Capitán Tormenta sigue siendo, hoy en día, el timonel ideal para cualquier lector que busque perderse en una travesía inolvidable por los mares de la ficción.

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