Sharkan

En el vasto y a menudo inexplorado océano de la narrativa gráfica española de finales del siglo XX, surge una obra que destaca por su atmósfera opresiva, su crudeza visual y su capacidad para reimaginar el género de la ciencia ficción post-apocalíptica: Sharkan. Escrito por Francisco Naranjo y dibujado con una maestría visceral por Ricardo Machuca, este cómic no es solo una aventura de acción, sino un descenso a las profundidades de la desesperación y la supervivencia humana en un entorno donde la tierra firme es solo un mito olvidado.

La premisa de *Sharkan* nos sitúa en un futuro distópico donde el planeta Tierra ha sucumbido a un cataclismo global de proporciones bíblicas. El deshielo de los polos o quizás un cambio geológico irreversible —las causas se pierden en la bruma del tiempo— ha provocado que el nivel de los océanos suba hasta cubrir casi la totalidad de la superficie terrestre. En este "Mundo Azul", la humanidad se ha visto obligada a evolucionar o morir. Los supervivientes se agrupan en gigantescas ciudades submarinas, cúpulas de cristal y acero que son tanto refugios como prisiones, donde el oxígeno es el bien más preciado y la jerarquía social se mide por la proximidad a los recursos vitales.

El protagonista que da nombre a la obra, Sharkan, es la encarnación de este nuevo orden mundial. No es el héroe clásico de mandíbula cuadrada y moral inquebrantable; es un paria, un guerrero cuya fisonomía y habilidades han sido moldeadas por la necesidad de sobrevivir en un medio hostil. Sharkan se mueve entre las sombras de los abismos y los pasillos metálicos de las estaciones abisales con la eficiencia de un depredador alfa. Su carácter es cínico, endurecido por un entorno donde la piedad es una debilidad que se paga con la vida. Es un hombre de pocas palabras, cuyas acciones hablan por él, y cuya lealtad no se compra fácilmente en un mundo dominado por corporaciones despiadadas y cultos religiosos que adoran a las deidades del abismo.

La trama nos sumerge en una red de intrigas políticas y luchas de poder. Las ciudades submarinas no son utopías de cooperación, sino nidos de corrupción donde las castas dominantes controlan la tecnología necesaria para purificar el agua y el aire. Sharkan se ve envuelto, casi siempre a su pesar, en conflictos que amenazan el precario equilibrio de este ecosistema artificial. Desde misiones de sabotaje en instalaciones industriales hasta la búsqueda de reliquias del "Mundo Seco", el cómic explora la ambición humana que persiste incluso cuando la especie está al borde de la extinción.

Visualmente, *Sharkan* es una delicia para los amantes del estilo detallista y sombrío propio del "boom" del cómic adulto en España. Ricardo Machuca logra transmitir una sensación de claustrofobia constante. Sus dibujos capturan la densidad del agua, la herrumbre de las máquinas que luchan contra la presión hidrostática y la fealdad de una humanidad que ha perdido su conexión con la naturaleza. El diseño de las criaturas marinas mutadas y de la tecnología subacuática dota a la obra de una identidad visual única, alejándola de las comparaciones fáciles con otras obras de temática similar como *Waterworld*.

Uno de los puntos fuertes de la narrativa es el misterio que rodea a las profundidades inexploradas. El guion de Naranjo juega magistralmente con el miedo a lo desconocido, sugiriendo que, más allá de las luces de las ciudades, en la oscuridad total de las fosas oceánicas, habitan fuerzas o entidades que la ciencia no puede explicar. Sharkan es el único capaz de transitar esa frontera entre lo civilizado y lo salvaje, convirtiéndose en un puente entre dos mundos que se temen mutuamente.

En resumen, *Sharkan* es una pieza fundamental para entender la evolución del cómic de género en España. Es una obra que combina la aventura más trepidante con una reflexión melancólica sobre la pérdida de nuestro hogar planetario. Leer *Sharkan* hoy en día es redescubrir un clásico que, a pesar del paso del tiempo, mantiene una vigencia asombrosa, recordándonos que, aunque el hombre intente conquistar los mares, siempre será un invitado vulnerable en el reino del silencio absoluto. Es una lectura obligatoria para quienes buscan historias con peso, atmósfera y un protagonista que se queda grabado en la retina

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