Junior films

Dentro del vasto y a menudo perturbador panorama del cómic underground español, pocas obras logran capturar la esencia del patetismo humano y la ambición desmedida con la precisión quirúrgica de "Junior Films". Creada por el inconfundible Paco Alcázar, uno de los maestros contemporáneos del humor negro y el surrealismo incómodo, esta obra se erige como una sátira feroz no solo de la industria cinematográfica, sino de las dinámicas de poder y la alienación moderna.

La premisa de "Junior Films" nos introduce en las oficinas de una productora de cine que parece operar en una dimensión paralela de mediocridad y delirio. Al frente de este imperio de cartón piedra se encuentra Junior, un niño de corta edad que, lejos de poseer la inocencia propia de su etapa vital, se comporta como el magnate más despiadado, egocéntrico y visionario (en el sentido más psicótico de la palabra) que Hollywood jamás haya podido engendrar. Junior no es un niño que juega a hacer películas; es un dictador creativo que entiende el séptimo arte como una extensión de su propia voluntad caprichosa.

A su lado, ejerciendo como contrapunto trágico y cómico a la vez, encontramos a su abnegado asistente, un adulto atrapado en una espiral de servilismo y desesperación. La relación entre ambos es el eje gravitatorio del cómic: una simbiosis tóxica donde la lógica adulta se rinde ante la tiranía infantil. El asistente es el encargado de materializar las ideas más absurdas, costosas o directamente imposibles de Junior, enfrentándose constantemente al abismo del fracaso y a la ira de un jefe que no conoce límites éticos ni financieros.

Lo que hace que "Junior Films" sea una lectura fascinante es la capacidad de Paco Alcázar para construir un universo donde lo grotesco se vuelve cotidiano. A través de historias cortas, autoconclusivas pero conectadas por una atmósfera de opresión constante, asistimos a la preproducción, rodaje y distribución de proyectos cinematográficos que nacen muertos. Desde películas de ciencia ficción sin presupuesto hasta dramas existenciales rodados en condiciones deplorables, cada página es un testimonio del narcisismo que a menudo rodea al acto creativo.

Visualmente, el cómic es una delicia para los amantes del estilo "línea clara" pasado por un filtro de pesadilla. El dibujo de Alcázar se caracteriza por una rigidez deliberada; sus personajes parecen figuras de cera a punto de derretirse bajo la presión de sus propias neurosis. Las expresiones faciales, meticulosamente detalladas, transmiten una gama de emociones que van desde el vacío existencial hasta el terror puro, todo ello enmarcado en escenarios asépticos que acentúan la sensación de aislamiento. No hay calidez en el mundo de "Junior Films", solo una luz de oficina fría que ilumina las miserias de sus protagonistas.

La obra funciona también como una crítica mordaz a la figura del "autor" y al culto a la personalidad. Junior representa esa fe ciega en la genialidad propia que ignora la realidad y el bienestar de los demás. Sus caprichos no son solo bromas pesadas; son reflejos de una sociedad que premia la audacia sin talento y la autoridad sin empatía. Sin embargo, el genio de Alcázar reside en que, a pesar de la crueldad de las situaciones, el lector no puede evitar soltar una carcajada nerviosa ante el absurdo absoluto de las situaciones propuestas.

En conclusión, "Junior Films" es una pieza imprescindible para entender el cómic de autor en España. Es una obra que no busca complacer al lector, sino incomodarlo, desafiarlo y, finalmente, conquistarlo mediante un humor que duele tanto como divierte. Si alguna vez te has preguntado qué sucede cuando la ambición de un productor de cine se encuentra con la mente de un niño sociópata, este cómic tiene todas las respuestas, aunque probablemente no sean las que esperas. Es un viaje al corazón de las tinieblas del entretenimiento, donde el "Corten" final nunca llega a tiempo para salvar a nadie.

Deja un comentario