Cuando hablamos de la intersección entre la literatura clásica y el caos absoluto de las marionetas más famosas del mundo, pocos ejemplos son tan brillantes y divertidos como "Muppet Rey Arturo" (*Muppet King Arthur*). Publicada originalmente por BOOM! Studios como parte de su aclamada línea de adaptaciones de clásicos, esta miniserie de cuatro números es una carta de amor tanto a las leyendas artúricas como al espíritu anárquico y bondadoso creado por Jim Henson.
La premisa nos sitúa en una Inglaterra mítica, pero vista a través del lente deformante y cómico de los Muppets. La historia sigue la estructura básica de la materia de Bretaña: un joven de origen humilde está destinado a unir a un reino fragmentado. Sin embargo, en esta versión, el futuro Rey Arturo no es otro que Kermit la Rana (la Rana Gustavo). Kermit interpreta a un Arturo reacio, un escudero que prefiere la paz de su pantano a las responsabilidades de la corona, pero que se ve empujado al heroísmo cuando logra extraer la mítica espada de la piedra (aunque, tratándose de los Muppets, el proceso es mucho más accidentado de lo que los libros de historia sugieren).
El verdadero genio de este cómic reside en su "casting". Como es habitual en las producciones de los Muppets, los personajes no solo interpretan un papel, sino que sus personalidades inherentes chocan y se mezclan con los arquetipos literarios. Gonzo el Grande asume el papel de Sir Lancelot, lo cual es una decisión narrativa magistral; en lugar del caballero perfecto y torturado, tenemos a un temerario que busca el peligro por el simple placer de la adrenalina, transformando las justas en espectáculos de acrobacias imposibles. Fozzie el Oso interpreta a Sir Percival, cuya búsqueda del Santo Grial se ve constantemente interrumpida por sus intentos de contar chistes malos a los campesinos y caballeros enemigos.
Por supuesto, ninguna historia de los Muppets estaría completa sin la presencia de la impetuosa Miss Piggy. En esta versión, Piggy asume el rol de Morgana le Fay, la poderosa y ambiciosa hechicera. La dinámica entre ella y Kermit añade una capa de comedia romántica y tensión slapstick que es el motor de muchos de los conflictos de la trama. Piggy no solo quiere el poder, quiere que Arturo reconozca su estatus de estrella absoluta del reino. Acompañándola, encontramos a figuras como Sam el Águila interpretando a un Sir Bedivere obsesionado con el protocolo y el decoro, y a los inseparables Statler y Waldorf, quienes, desde las almenas de los castillos o las gradas de los torneos, actúan como el coro griego que se burla de cada avance de la trama.
El guion, a cargo de Paul Storrie, logra un equilibrio envidiable. Por un lado, respeta los hitos de la leyenda: la formación de la Tabla Redonda, la magia de Merlín (interpretado por un muy adecuado y excéntrico Bunsen Honeydew junto a su sufridor asistente Beaker) y las misiones caballerescas. Por otro lado, el cómic rompe constantemente la cuarta pared. Los personajes son conscientes de que están "actuando" en una adaptación, lo que permite metachistes sobre la producción, el presupuesto de los efectos especiales mágicos y las inconsistencias de los mitos originales.
Visualmente, el arte de Dave Alvarez es vibrante y dinámico. Su estilo captura perfectamente la expresividad elástica de las marionetas, logrando que los dibujos se sientan tan vivos como si estuviéramos viendo un episodio de *The Muppet Show*. Los diseños de las armaduras y los castillos tienen un toque de cuento de hadas clásico, pero siempre con detalles cómicos escondidos en el fondo de las viñetas.
"Muppet Rey Arturo" no es solo una parodia; es una celebración del heroísmo desde la perspectiva de los inadaptados. A través de las situaciones absurdas y los juegos de palabras, el cómic transmite el mensaje central de los Muppets: que la verdadera nobleza no reside en la fuerza de la espada o en la pureza del linaje, sino en la lealtad hacia los amigos y en la capacidad de mantener