Castor: Una odisea metafísica entre el color y el absurdo
En el panorama actual del noveno arte español, pocos autores poseen una voz tan distintiva, vibrante y, a la vez, profundamente melancólica como Lorenzo Montatore. Con su obra *Castor*, publicada por Astiberri, el autor madrileño no solo reafirma su talento, sino que nos entrega una pieza que desafía las etiquetas convencionales. Como experto en cómics, puedo afirmar que nos encontramos ante una obra que funciona como un espejo deformante de la condición humana, envuelta en una estética que rinde homenaje a la tradición del tebeo clásico mientras abraza la vanguardia más absoluta.
La sinopsis de *Castor* nos sitúa ante un protagonista homónimo, un personaje que parece haber sido rescatado de las páginas de la mítica Escuela Bruguera, pero que ha sido dotado de una consciencia existencialista abrumadora. Castor es un ser errante, un filósofo de lo cotidiano que habita un mundo donde la lógica lineal se ha disuelto en favor de una narrativa fragmentada, casi onírica. La historia nos invita a acompañarlo en un viaje que no tiene un destino geográfico claro, sino que se configura como una exploración de los rincones más recónditos del alma y la memoria.
Desde las primeras páginas, el lector percibe que el entorno de Castor no es un lugar común. Es un escenario minimalista, a veces desértico, a veces poblado por arquitecturas imposibles y personajes secundarios que actúan como catalizadores de reflexiones profundas. Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia, la trama se despliega a través de encuentros y desencuentros, de diálogos que oscilan entre el humor absurdo y la tristeza más punzante. Castor busca algo —quizás un sentido, quizás un recuerdo, quizás simplemente una forma de mitigar el vacío— y en esa búsqueda, el cómic se convierte en una meditación sobre la soledad y la necesidad de conexión.
Visualmente, *Castor* es un festín de contrastes. Montatore utiliza una paleta de colores planos y saturados que impactan directamente en la retina, creando una atmósfera que se siente viva y eléctrica. Su trazo, aparentemente sencillo y deudor de maestros como Francisco Ibáñez o Vázquez, esconde una sofisticación técnica asombrosa. Cada viñeta está compuesta con una precisión quirúrgica, donde el espacio en blanco juega un papel tan crucial como el dibujo mismo. Esta estética "cartoon" aplicada a temas de calado filosófico genera una disonancia cognitiva fascinante: el lector se siente atraído por la amabilidad de las formas, solo para ser golpeado por la profundidad de las ideas que subyacen en ellas.
Uno de los mayores logros de esta obra es su capacidad para capturar la esencia de la "saudade" o la nostalgia por algo que nunca se tuvo del todo. Castor, con su diseño icónico y su expresividad contenida, se convierte en un avatar de nuestras propias inseguridades y anhelos. A medida que avanza el relato, la estructura se vuelve más poética, permitiendo que las metáforas visuales tomen el control de la narración. No es un cómic que se lea para saber "qué pasa después", sino para sentir "qué está pasando ahora" en la psique del protagonista.
En conclusión, *Castor* es una obra imprescindible para entender el cómic contemporáneo que se atreve a romper las barreras de los géneros. Es una pieza que exige una lectura pausada, casi contemplativa, donde el humor sirve como el único escudo posible frente al absurdo de la existencia. Lorenzo Montatore ha creado un universo propio que, partiendo de lo local y lo tradicional, alcanza una universalidad conmovedora. Es, en definitiva, un viaje lisérgico y tierno hacia el centro de nosotros mismos, una joya visual que demuestra que el cómic es el vehículo perfecto para las preguntas que no tienen respuesta.