Historieta, La

En el vasto y a menudo predecible panorama de la narrativa gráfica contemporánea, surge de vez en cuando una obra que no solo busca contar una historia, sino cuestionar los cimientos mismos sobre los que se construye el medio. "La Historieta", la aclamada obra del autor mexicano Iván Mayorquín, es precisamente ese tipo de artefacto cultural. Publicada bajo el prestigioso sello de Editorial Sexto Piso, esta obra se erige no solo como un libro de entretenimiento, sino como un tratado lúdico, filosófico y profundamente honesto sobre lo que significa crear, leer y existir dentro de los límites de una viñeta.

Desde la primera página, el lector se da cuenta de que no está ante una estructura narrativa convencional. No hay héroes con capa, ni villanos con planes intrincados, ni un arco de redención tradicional. En su lugar, "La Historieta" nos presenta una propuesta de metaficción pura. El protagonista es, en esencia, el proceso creativo mismo, personificado a menudo por un avatar del autor que se enfrenta al abismo de la página en blanco. Sin embargo, este "personaje" no está solo; lo acompañan las herramientas del oficio: los globos de texto, las líneas de movimiento, los márgenes de la página y, lo más importante, la consciencia de ser un dibujo.

La premisa de la obra gira en torno a la deconstrucción. Mayorquín invita al lector a un viaje introspectivo donde el cómic se mira al espejo. A través de un humor ácido y una autocrítica feroz, el autor explora las inseguridades del artista, la tiranía de las expectativas y la extraña relación simbiótica entre el creador y su creación. Es una obra que rompe constantemente la cuarta pared, pero no como un simple truco narrativo, sino como una necesidad vital para explicar las reglas del juego que estamos jugando mientras pasamos las páginas.

Visualmente, "La Historieta" es un ejercicio de minimalismo y expresividad. Mayorquín utiliza un trazo limpio, aparentemente sencillo pero cargado de intención comunicativa. El uso del espacio en blanco es magistral; en este cómic, lo que no se dibuja es tan importante como lo que está presente. El autor juega con la arquitectura de la página, permitiendo que los personajes se salgan de sus recuadros, que las palabras pesen físicamente sobre los protagonistas y que el tiempo se dilate o se contraiga según la disposición de los elementos gráficos. Esta libertad visual refuerza el tema central: la historieta es un lenguaje infinito, limitado únicamente por la imaginación de quien sostiene el lápiz.

Uno de los puntos más fascinantes de la obra es cómo logra universalizar la experiencia del creador. Aunque el punto de partida es el dibujo de cómics, las reflexiones sobre el miedo al fracaso, la búsqueda de una voz propia y la lucha contra el bloqueo creativo resuenan en cualquier persona que haya intentado alguna vez dar vida a una idea. "La Historieta" se convierte así en un espejo para el lector, cuestionando no solo cómo consumimos historias, sino cómo construimos nuestra propia realidad a través de ficciones.

Sin revelar los giros conceptuales que hacen que esta obra sea tan especial, se puede decir que el clímax de "La Historieta" no reside en un evento externo, sino en una revelación intelectual y emocional. Es un libro que exige una lectura activa; no se puede simplemente "ver" los dibujos, hay que habitar el espacio entre las viñetas (el famoso *gutter* o calle) para comprender la magnitud de lo que Mayorquín está planteando.

En resumen, "La Historieta" es una carta de amor —a veces dolorosa, a veces hilarante— al noveno arte. Es una lectura esencial para aquellos que aman el medio, pero también para los escépticos que creen que el cómic es solo un vehículo para historias ligeras. Iván Mayorquín ha logrado crear una obra que es, al mismo tiempo, un manual de instrucciones, un diario íntimo y una explosión de creatividad pura. Al cerrar el libro, el lector no solo habrá terminado una historia, sino que habrá adquirido una nueva forma de mirar cada página, cada línea y cada silencio en el mundo del arte secuencial. Es, sin duda, una de las reflexiones más lúcidas y divertidas sobre la creación que se

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