Ocurrio una Vez

Ocurrió una vez: El umbral entre la infancia y la maravilla

En el vasto y colorido ecosistema del cómic latinoamericano, pocos nombres resuenan con la calidez y la inventiva de Ricardo Siri, mejor conocido como Liniers. Si bien el autor argentino ha alcanzado la fama internacional gracias a las tiras diarias de *Macanudo*, es en sus novelas gráficas y relatos de largo aliento donde su capacidad para capturar la esencia de lo invisible brilla con una intensidad particular. *Ocurrió una vez* (publicada originalmente como *The Big Wet Balloon* y luego expandida en su universo narrativo) es una de esas joyas que, bajo una apariencia de sencillez, esconde una profunda reflexión sobre el descubrimiento, el miedo y la fraternidad.

La premisa de *Ocurrió una vez* nos introduce en un escenario cotidiano que pronto se tiñe de realismo mágico. Las protagonistas son tres hermanas: Matilda, Clementina y Wendy. Como es habitual en la obra de Liniers, estas niñas no son meros personajes de ficción, sino trasuntos de sus propias hijas, lo que otorga al relato una autenticidad emocional inmediata. La historia comienza con un impulso puramente infantil: la curiosidad. Las tres hermanas deciden adentrarse en un bosque que bordea su hogar, un espacio que funciona como la frontera física entre la seguridad de lo conocido y el misterio de lo inexplorado.

A medida que se internan en la espesura, el cómic abandona la estructura rígida de la realidad para abrazar la lógica de los sueños. Liniers utiliza el bosque no solo como un escenario, sino como un personaje vivo, vibrante y, por momentos, inquietante. Es allí donde las niñas encuentran una casa misteriosa y, lo que es más importante, se topan con una criatura de dimensiones colosales. Este "monstruo", lejos de responder a los tropos clásicos del terror, se convierte en el catalizador de una experiencia transformadora. Sin revelar los giros de la trama, se puede decir que el encuentro pone a prueba la valentía de las hermanas y, sobre todo, su capacidad para mirar más allá de las apariencias.

Desde el punto de vista técnico y artístico, *Ocurrió una vez* es un festín visual. Liniers emplea su característica técnica de acuarela, que dota a cada viñeta de una textura orgánica y etérea. Los colores no solo rellenan las formas, sino que narran el estado de ánimo de las protagonistas: desde los verdes profundos y sombríos del bosque hasta los estallidos de luz que simbolizan la revelación y la alegría. El autor juega con el diseño de las páginas, permitiendo que la naturaleza desborde los márgenes de las viñetas, creando una sensación de inmersión total para el lector.

Uno de los mayores logros de este cómic es su capacidad para hablarle a dos públicos simultáneamente. Para el lector infantil, es una aventura de exploración y asombro, un recordatorio de que el mundo es mucho más grande y extraño de lo que parece desde la ventana del dormitorio. Para el lector adulto, es una obra cargada de nostalgia y una exploración de la "lógica de la infancia", ese momento de la vida donde la línea entre lo real y lo imaginario es tan delgada que casi no existe. Liniers logra capturar ese sentimiento de vulnerabilidad y poder que solo se siente cuando se es niño y se tiene a un hermano al lado.

La narrativa se apoya fuertemente en el silencio. Hay pasajes donde las palabras sobran y es la expresividad de los rostros de Matilda, Clementina y Wendy la que guía la emoción. El autor demuestra una maestría absoluta en el ritmo narrativo, alternando momentos de tensión silenciosa con explosiones de dinamismo visual.

En conclusión, *Ocurrió una vez* no es solo un cómic sobre tres niñas en un bosque; es un testamento sobre la importancia de la imaginación como herramienta para comprender el mundo. Es una obra que invita a los lectores a no perder nunca la capacidad de asombro y a recordar que, a veces, las historias más extraordinarias suceden justo detrás de nuestra casa, siempre y cuando estemos dispuestos a dar el primer paso hacia lo desconocido. Es una lectura esencial para quienes buscan en el noveno arte una experiencia que acaricie el alma y desafíe la percepción de lo cotidiano.

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