El Planeta de los Monos

Como experto en el noveno arte, es un placer desglosar la trascendencia de "El Planeta de los Monos" en su vertiente de cómic. Aunque la franquicia nació de la pluma de Pierre Boulle y se inmortalizó en el cine, el mundo de las viñetas ha sido, durante décadas, el laboratorio donde esta distopía ha alcanzado su mayor profundidad filosófica y narrativa.

Hablar del cómic de *El Planeta de los Monos* no es referirse a una sola obra, sino a un vasto tapiz de cronologías que expanden el universo que las películas apenas pudieron esbozar. La premisa fundamental, que sirve de columna vertebral en todas sus encarnaciones editoriales, nos sitúa en un futuro (o un presente alternativo) donde la jerarquía evolutiva de la Tierra ha sufrido un vuelco catastrófico. El ser humano, antaño amo y señor del planeta, ha caído en la mudez y la barbarie, mientras que los simios —chimpancés, gorilas y orangutanes— han desarrollado una civilización compleja, estratificada y, a menudo, despótica.

La sinopsis general de estas obras nos sumerge en un mundo de contrastes visuales fascinantes: ruinas de rascacielos devoradas por la selva y ciudades de adobe donde la tecnología es vista con sospecha o como una reliquia prohibida. El conflicto central no es solo una lucha por la supervivencia física, sino una batalla ideológica. A través de los ojos de astronautas perdidos en el tiempo o de simios disidentes que cuestionan los dogmas de sus líderes, el cómic explora la fragilidad de la civilización y la inevitable tendencia de las especies dominantes hacia la autodestrucción.

Históricamente, la etapa de Marvel Comics en los años 70 (bajo el sello Curtis Magazines) es fundamental. En estas páginas, autores de la talla de Doug Moench no se limitaron a adaptar los guiones cinematográficos, sino que crearon epopeyas originales como "Terror on the Planet of the Apes". Aquí, el cómic aprovecha su libertad creativa para mostrar la política interna de la sociedad simia: la casta militar de los gorilas, el fervor religioso y científico de los orangutanes, y la curiosidad intelectual de los chimpancés. El tono es sombrío, cargado de una atmósfera de fatalismo existencial que define a la perfección el espíritu de la ciencia ficción de la época.

En épocas más recientes, editoriales como Boom! Studios y, de nuevo, Marvel, han revitalizado la franquicia. Estas historias suelen situarse en los años previos a la caída de la humanidad o en los siglos de transición donde el "Estatuto del Simio" aún no se había consolidado. La narrativa se vuelve más sofisticada, tratando temas como la segregación, el miedo al "otro" y la ética científica. El lector se encuentra ante un espejo deformado de nuestra propia historia; las viñetas nos obligan a preguntarnos si el ascenso de los simios fue un accidente biológico o una consecuencia necesaria de los pecados humanos.

Visualmente, el cómic de *El Planeta de los Monos* es un festín para los amantes del detalle. Desde el diseño de las armaduras de los gorilas hasta la expresividad casi humana de los rostros de los simios, los artistas han logrado capturar una dualidad inquietante: la nobleza animal mezclada con la ambición humana. La ausencia de spoilers es vital aquí, pues gran parte del impacto de estas historias reside en descubrir cómo se conectan los hilos temporales y qué destino aguarda a los pocos humanos que aún conservan la chispa de la razón.

En conclusión, esta obra en formato cómic es una lectura imprescindible para quienes buscan una ciencia ficción que no solo entretenga, sino que incomode. Es un relato sobre el poder, la religión y la pérdida de la identidad, ambientado en un mundo donde el silencio de los hombres es el grito de una nueva era. Si buscas una aventura épica que funcione como un tratado sociológico sobre la naturaleza del conflicto, las viñetas de este universo te ofrecen un viaje sin retorno hacia el crepúsculo de nuestra especie.

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