Cuatro Capitanes: Una Odisea de la Derrota y el Color
En el panorama actual del cómic español, pocos autores poseen una voz tan distintiva, vibrante y emocionalmente cruda como Lorenzo Montatore. Con su obra *Cuatro Capitanes*, publicada por Mandioca, Montatore no solo consolida su estilo visual único, sino que entrega una pieza que funciona como un espejo deformante de la condición humana, mezclando la tradición del tebeo clásico con una profundidad existencialista que desarma al lector.
La premisa de *Cuatro Capitanes* nos presenta a un cuarteto de personajes que, lejos de ser los héroes que sus títulos sugieren, son en realidad náufragos de la vida cotidiana. Estos "capitanes" —figuras que parecen rescatadas de un sueño febril donde la estética de la Escuela Bruguera se encuentra con el surrealismo de vanguardia— se embarcan en una travesía que es tanto física como metafísica. No buscan conquistar nuevos mundos ni derrotar a villanos intergalácticos; su búsqueda es mucho más íntima, dolorosa y, a menudo, ridícula: buscan un sentido, una salida al tedio o, simplemente, un lugar donde su fracaso no pese tanto.
El cómic se estructura como una suerte de *road movie* espiritual. A través de sus páginas, acompañamos a estos protagonistas por paisajes que oscilan entre lo onírico y lo mundano. Montatore utiliza el arquetipo del "perdedor" no para burlarse de él, sino para dignificarlo. Los cuatro capitanes representan diferentes facetas de la melancolía, la frustración y la esperanza residual. Hay en ellos una vulnerabilidad que conecta directamente con el lector; son capitanes de sus propias miserias, gobernando barcos que hacen aguas en un océano de incertidumbre.
Visualmente, *Cuatro Capitanes* es una explosión de audacia. Montatore domina la "línea clara" pero la retuerce, la dota de una elasticidad que recuerda a los dibujos animados de los años 30, pero bajo una paleta de colores saturados y eléctricos que generan una atmósfera de "costumbrismo lisérgico". Cada viñeta es una lección de composición y ritmo narrativo. El autor se permite jugar con la abstracción y el simbolismo, convirtiendo objetos cotidianos en tótems de significado profundo. El contraste entre el dibujo, aparentemente amable y caricaturesco, y la carga filosófica de los diálogos crea una tensión narrativa fascinante que mantiene al lector en un estado de constante asombro.
Uno de los mayores logros de la obra es su capacidad para homenajear a los grandes maestros del humor gráfico español —como Vázquez o Ibáñez— mientras construye algo completamente nuevo y contemporáneo. *Cuatro Capitanes* bebe de la picaresca, del chiste de barra de bar y de la tragedia cotidiana, pero lo eleva a una categoría artística superior mediante una sensibilidad poética innegable. Es un cómic que se siente profundamente español en su esencia, pero universal en sus temas: la soledad, la amistad como último refugio y la inevitable lucha contra el paso del tiempo.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura, se puede decir que el viaje de estos personajes es una invitación a la reflexión. A medida que avanzan por escenarios imposibles y mantienen conversaciones que rozan el absurdo, el lector empieza a comprender que los "capitanes" somos todos nosotros, intentando mantener el rumbo en un mundo que a menudo carece de mapas.
En conclusión, *Cuatro Capitanes* es una obra imprescindible para entender el cómic de autor actual. Es una lectura que exige atención y que recompensa con creces, dejando un poso de melancolía luminosa. Lorenzo Montatore ha creado una epopeya de lo minúsculo, un canto a la derrota que, paradójicamente, se siente como una victoria creativa absoluta. Es, en definitiva, un viaje psicodélico hacia el centro del corazón humano, envuelto en el celofán de un tebeo que nunca querrás que termine.