Can Can

En el vasto y a menudo nostálgico ecosistema del tebeo español, pocas cabeceras lograron capturar la esencia de una época de transición con tanta elegancia, picardía y modernidad como lo hizo 'Can Can'. Publicada originalmente por la mítica Editorial Bruguera a partir de 1958, esta revista no fue simplemente una publicación más de humor; fue un audaz intento de romper con el molde del "tebeo para niños" y ofrecer un producto sofisticado, dirigido a un público adulto que buscaba algo más que las desventuras de Zipi y Zape o las penurias de Carpanta.

Para entender 'Can Can', hay que situarse en la España de finales de los años 50. En un contexto social marcado por la rigidez y una censura vigilante, la aparición de esta revista supuso un soplo de aire fresco, casi cosmopolita. Bajo el subtítulo de "La revista de las chicas", 'Can Can' se presentó con una estética que bebía directamente de las revistas de humor gráfico francesas y estadounidenses, alejándose del estilo tosco y dinámico de la escuela Bruguera tradicional para abrazar una línea más estilizada, limpia y, sobre todo, seductora.

La sinopsis de 'Can Can' no se articula a través de una sola trama lineal, sino que es un mosaico vibrante de secciones, chistes de una sola viñeta y series cortas que orbitan alrededor de un tema central: la modernidad y las relaciones humanas. El gran reclamo, y lo que otorgó a la revista su identidad visual inconfundible, fueron las "chicas". A través de las manos de maestros como Robert Segura, la revista pobló sus páginas de mujeres elegantes, estilizadas y seguras de sí mismas, que representaban un ideal de sofisticación urbana. Estas figuras no eran meros objetos decorativos, sino las protagonistas de una sátira social que ponía el foco en el cortejo, la moda, la vida nocturna y los choques generacionales.

El contenido de 'Can Can' es una radiografía humorística de la clase media aspiracional. En sus páginas encontramos la lucha eterna entre el "pícaro" que intenta medrar o conquistar, y una realidad que a menudo lo pone en su sitio. Sin embargo, a diferencia de otras revistas de la casa, aquí el humor es más sutil, menos basado en el golpe físico y más en el equívoco, la ironía y la observación de las costumbres. La revista se atrevía a explorar el mundo de las oficinas, las playas (donde el biquini empezaba a ser un mito prohibido) y las fiestas de alta sociedad, siempre con un tono de comedia de enredo.

Uno de los pilares fundamentales de la obra es su despliegue artístico. En 'Can Can' convergieron los mejores lápices de la época, permitiéndose experimentos visuales que no tenían cabida en publicaciones más infantiles. Además del mencionado Segura, figuras de la talla de Vázquez, Conti, Peñarroya o Gin aportaron su genialidad, adaptando sus estilos a un formato de página más aireado y visualmente rico. Las portadas, a menudo verdaderas obras de arte del diseño gráfico de mediados de siglo, invitaban al lector a entrar en un mundo de color y optimismo que contrastaba con la grisura de la posguerra.

A pesar de las limitaciones impuestas por la censura de la época, que obligaba a los dibujantes a hacer malabares para sugerir sin mostrar, 'Can Can' logró crear un lenguaje propio. Es una obra que celebra la picardía española pero vestida de gala. No hay spoilers posibles en una obra de estas características, pues su valor reside en la frescura de cada página independiente, en la capacidad de hacernos sonreír ante las situaciones cotidianas del "querer y no poder" y en la belleza de un dibujo que buscaba, por encima de todo, la armonía estética.

En resumen, 'Can Can' es un hito del cómic español que marcó el camino hacia la madurez del medio. Es una cápsula del tiempo que nos permite asomarnos a los deseos, las modas y el sentido del humor de una sociedad que empezaba a soñar con la modernidad europea. Para el lector contemporáneo, acercarse a 'Can Can' es descubrir un ejercicio de estilo magistral, donde el ingenio gráfico y la sátira social se dan la mano en un baile eterno de elegancia y diversión. Es, en definitiva, el testimonio

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