Como experto en el noveno arte, es un placer desgranar una de las obras más fascinantes del cómic histórico español reciente: "José María el Tempranillo", una obra que no solo rescata la figura del bandolero más famoso de Sierra Morena, sino que lo hace con un rigor y una potencia visual que dignifican el género de la aventura histórica.
Publicado bajo el sello de Cascaborra Ediciones —editorial especializada en la historia de España en viñetas— y con el talento de José Revilla al frente del guion y el dibujo, este cómic nos traslada a la Andalucía de la primera mitad del siglo XIX. Es un viaje a una España convulsa, marcada por las secuelas de la Guerra de la Independencia y el absolutismo de Fernando VII, un escenario donde la línea entre la justicia y la criminalidad era tan delgada como el filo de una navaja.
La génesis de un mito
La sinopsis nos sitúa en Jauja, un pequeño pueblo cordobés. Allí conocemos a un joven José María Hinojosa Cobacho, cuya vida parece destinada a la labranza y al anonimato. Sin embargo, el destino —o más bien un arrebato de honor y sangre— lo empuja al abismo. Tras un incidente violento durante una romería, el joven José María se ve obligado a huir a la sierra para escapar de la justicia. Es en este momento de ruptura donde nace el hombre y comienza la leyenda de "El Tempranillo", apodado así por la temprana edad a la que tuvo que echarse al monte.
El cómic no se limita a narrar una sucesión de asaltos a diligencias. Su verdadera fuerza reside en cómo explora la transformación de un fugitivo en el "Rey de Sierra Morena". A través de sus páginas, asistimos a la forja de un líder carismático que, lejos de ser un simple forajido, se convierte en un símbolo de resistencia para un campesinado asfixiado por los impuestos y la tiranía. La obra captura magistralmente esa dualidad romántica: el hombre que es temido por los poderosos y amado por los humildes, aquel que impone su propia ley en un territorio donde el Estado no llega.
Un retrato del Romanticismo
Uno de los puntos más destacados de esta obra es su ambientación. José Revilla logra plasmar la estética del Romanticismo español con una precisión asombrosa. No estamos ante un cómic de acción genérico; es un retrato costumbrista donde los paisajes de la serranía, los cortijos y las ventas cobran vida propia. El autor utiliza la narrativa visual para sumergirnos en la atmósfera de la época: el polvo de los caminos, el sudor de los caballos y el brillo del acero bajo el sol andaluz.
La trama nos presenta a José María gestionando su banda, una estructura casi militar con sus propias reglas de honor. Veremos sus encuentros con personajes históricos y su capacidad para burlar a los "Migueletes" (la fuerza pública de la época), pero también su faceta más humana, sus amores y las traiciones que siempre acechan a quienes viven al margen de la ley. Sin entrar en detalles que arruinen la lectura, el cómic maneja con maestría la tensión política, mostrando cómo el bandolerismo fue utilizado a veces como peón en el tablero de las luchas entre liberales y realistas.
El apartado artístico: Realismo y pasión
Visualmente, el trabajo de Revilla es soberbio. Su estilo detallista y su uso del color transportan al lector directamente al siglo XIX. La caracterización de los personajes es profunda; a través de sus rostros podemos leer el cansancio, la determinación y la melancolía de una vida en constante huida. Las escenas de acción están coreografiadas con un dinamismo que nunca sacrifica la claridad narrativa, permitiendo que el lector sienta el peligro de cada emboscada.
En conclusión, "José María el Tempranillo" es mucho más que la biografía de un bandido. Es una crónica sobre la libertad, el honor y la supervivencia en una España que se desangraba entre el viejo y el nuevo mundo. Es una lectura imprescindible para los amantes del cómic histórico y para cualquiera que desee entender por qué, casi dos siglos después, el nombre de El Tempranillo sigue resonando en los ecos de Sierra Morena. Una obra que demuestra que nuestra historia tiene héroes y antihéroes tan complejos y fascinantes como los de cualquier otra latitud.