Hablar de «El Capitán Trueno Extra» no es solo referirse a una publicación de historietas; es invocar uno de los pilares fundamentales de la cultura popular española del siglo XX. Si el cuaderno original de *El Capitán Trueno*, nacido en 1956 de la mano del guionista Víctor Mora y el dibujante Ambrós, ya era un fenómeno de masas, la aparición de la revista *Extra* en enero de 1960 consolidó al personaje como un mito imperecedero, ofreciendo un formato más ambicioso y una cadencia semanal que mantuvo en vilo a generaciones de lectores.
La premisa de la serie nos sitúa en el siglo XII, en plena época de las Cruzadas. Sin embargo, el Capitán Trueno no es el típico caballero medieval movido por el fervor religioso o la lealtad ciega a un monarca. Trueno es, ante todo, un paladín de la libertad y la justicia universal. Junto a sus inseparables compañeros, el gigante Goliath (apodado cariñosamente «el Cascanueces») y el joven y astuto Crispín, el Capitán recorre el mundo conocido —y a veces territorios inexplorados— deshaciendo entuertos, derrocando tiranos y protegiendo a los oprimidos, sin importar su raza o credo.
Lo que hace que *El Capitán Trueno Extra* sea una pieza de coleccionista y un objeto de estudio fascinante es la madurez que alcanzó la narrativa en sus páginas. A diferencia de los cuadernillos horizontales de aventuras rápidas, la revista *Extra* permitía un desarrollo de tramas más pausado y una mayor profundidad en la ambientación. En sus páginas, el lector se embarca en una odisea constante que nos lleva desde las gélidas tierras de Thule hasta las exóticas selvas de África o los misteriosos imperios de Oriente.
El corazón de la obra reside en la química de su trío protagonista. Trueno representa el equilibrio, la valentía y la integridad moral. Goliath aporta la fuerza bruta y un alivio cómico basado en su insaciable apetito y su nobleza de espíritu. Por su parte, Crispín encarna la evolución y el aprendizaje, sirviendo como el punto de conexión para los lectores más jóvenes. A este grupo se suma de forma recurrente Sigrid, la Reina de Thule. Sigrid no es la clásica «damisela en apuros» de la época; es una mujer de armas tomar, inteligente y soberana de su propio destino, cuya relación con Trueno rompió moldes al presentar un amor basado en el respeto mutuo y la independencia, algo revolucionario para la España de los años 60.
Desde el punto de vista artístico, la revista *Extra* fue un escaparate para el talento desbordante de la Editorial Bruguera. Aunque Ambrós sentó las bases estéticas con su trazo dinámico y su magistral uso del movimiento, otros grandes artistas como Ángel Pardo o Fuentes Man dejaron su huella en esta cabecera, aportando un nivel de detalle en los fondos y una expresividad en los rostros que elevó el estándar del tebeo de aventuras. Las viñetas de *El Capitán Trueno Extra* están llenas de barcos vikingos, castillos inexpugnables, máquinas ingeniosas que rozan la ciencia ficción y duelos a espada que parecen saltar del papel.
El guion de Víctor Mora merece una mención aparte. Bajo el pseudónimo de Víctor Alcázar, Mora logró sortear la censura de la época imbuyendo sus historias de un humanismo profundo. Sus villanos no son siempre caricaturas del mal; a menudo son figuras complejas corrompidas por el poder, lo que otorga a las victorias de Trueno un peso ético muy superior al simple triunfo físico.
En definitiva, sumergirse en *El Capitán Trueno Extra* es redescubrir el sabor de la aventura clásica en su estado más puro. Es una invitación a viajar a un pasado legendario donde el honor no era una palabra vacía y donde la lucha contra la injusticia era el único motor posible para un héroe. Esta publicación no solo define una era del cómic europeo, sino que sigue siendo, décadas después, una lección magistral de ritmo narrativo, diseño de personajes y épica atemporal. Para el lector actual, es la oportunidad de entender por qué, en un mundo de superhéroes modernos, un caballero sin armadura brillante pero con un corazón inquebrantable sigue siendo el héroe más grande de nuestra historia gráfica.