Kit Boy: El ascenso de un héroe cotidiano – Una reseña de su segunda entrega
Cuando hablamos del panorama del cómic infantil y juvenil en España, es imposible no detenerse en la labor de la editorial Bang Ediciones y su colección Mamut. Dentro de este ecosistema diseñado para fomentar la lectura entre los más jóvenes, destaca con luz propia la figura de Kit Boy, una creación del guionista Santi Selvi y el dibujante Zarzo. Tras una primera entrega que sentó las bases de un universo colorido y dinámico, llega "Kit Boy – 2ª" (a menudo subtitulada como *Kit Boy y el malvado Dr. Moco*), una continuación que no solo mantiene el listón, sino que expande las fronteras de su pequeño gran protagonista.
En esta segunda parte, nos reencontramos con Kit, un niño que, tras haber descubierto un traje especial que le otorga habilidades extraordinarias, debe enfrentarse al reto más difícil para cualquier superhéroe: la cotidianidad. Si bien en el primer volumen fuimos testigos del "viaje del héroe" en su forma más pura —el descubrimiento, el asombro y la aceptación del poder—, en esta segunda entrega Selvi y Zarzo deciden explorar la responsabilidad y el equilibrio.
La trama nos sitúa en un momento en el que Kit ya empieza a ser reconocido en su entorno, pero esa fama es un arma de doble filo. El guion de Santi Selvi brilla al manejar con maestría la dualidad de la vida del protagonista. Por un lado, tenemos la acción trepidante y los enfrentamientos contra amenazas que parecen sacadas de los mejores dibujos animados de los sábados por la mañana. Por otro, encontramos la vida escolar, los deberes, la relación con los amigos y esa sensación tan universal de querer encajar mientras se guarda un secreto que podría cambiarlo todo.
El antagonista de esta entrega, el Dr. Moco, se consolida como el contrapunto perfecto. Lejos de ser un villano oscuro o aterrador, es una amenaza diseñada con un sentido del humor brillante, ideal para el público objetivo, pero con la suficiente profundidad para representar los obstáculos que Kit debe superar mediante el ingenio y no solo mediante la fuerza bruta. La lucha entre ambos no es solo física; es un duelo de voluntades que pone a prueba la madurez del joven héroe.
Visualmente, el trabajo de Zarzo es, sencillamente, espectacular. Su estilo bebe directamente de la narrativa ágil del *cartoon* contemporáneo y del dinamismo del cómic franco-belga. En esta segunda parte, se percibe una evolución en el diseño de páginas; las composiciones son más audaces, utilizando el color no solo como un elemento estético, sino narrativo. Los colores vibrantes saltan de la página, capturando la atención del lector desde la primera viñeta y guiándolo a través de secuencias de acción que fluyen con una naturalidad asombrosa. La expresividad de los personajes es otro de los puntos fuertes: