En el vasto y a menudo ruidoso panorama del noveno arte contemporáneo, existen obras que no necesitan de grandes explosiones, capas coloridas o amenazas intergalácticas para sacudir los cimientos del lector. "La Cuadrilla", la magistral novela gráfica de Javier de Isusi —autor galardonado con el Premio Nacional del Cómic—, es precisamente uno de esos tesoros narrativos. Publicada por Astiberri, esta obra se erige como un monumento a lo cotidiano, a la memoria y, sobre todo, a esa institución social tan arraigada en el norte de España, pero universal en su esencia: el grupo de amigos de toda la vida.
La premisa de "La Cuadrilla" nos sitúa en un escenario aparentemente sencillo pero cargado de una densidad emocional latente. Un grupo de amigos, hombres que ya han cruzado el umbral de la madurez y cargan con las cicatrices invisibles de los años, se reúnen para celebrar una de sus habituales cenas. Sin embargo, esta no es una reunión cualquiera. Tras una larga ausencia, uno de los miembros del grupo, que ha permanecido alejado por razones que el tiempo ha ido difuminando pero no borrando, regresa para sentarse de nuevo a la mesa. Este reencuentro actúa como el catalizador de una historia que, sin salir prácticamente del entorno de una cena, recorre décadas de vivencias compartidas.
Como experto en el medio, es fascinante observar cómo Isusi utiliza la estructura de la "cuadrilla" no solo como un trasfondo cultural, sino como un organismo vivo. La cuadrilla es un refugio, pero también puede ser una cárcel de expectativas y roles fijos de los que es difícil escapar. A través de diálogos afilados, silencios significativos y una puesta en escena impecable, el autor nos invita a ser un comensal más en esa mesa. La narrativa se despliega con una naturalidad asombrosa, permitiendo que el lector perciba las tensiones subyacentes, los afectos incondicionales y los reproches que nunca se verbalizaron del todo.
El núcleo temático de la obra gira en torno a la identidad y el paso del tiempo. ¿Seguimos siendo las mismas personas que compartieron sueños de juventud, o somos simplemente extraños que comparten recuerdos comunes? Isusi explora con una sensibilidad exquisita la fragilidad de la masculinidad tradicional, mostrando a unos personajes que, bajo una apariencia de camaradería robusta, lidian con la pérdida, el arrepentimiento y la búsqueda de redención. No hay héroes ni villanos en "La Cuadrilla"; solo hay seres humanos intentando reconocerse en los ojos de quienes mejor los conocen.
Visualmente, el cómic es una delicia que confirma a Isusi como un maestro de la acuarela y el trazo orgánico. Su estilo, caracterizado por una paleta de colores sugerente y una expresividad gestual contenida pero poderosa, logra capturar la atmósfera íntima y a veces melancólica de la reunión. El uso de la luz —esa luz cálida de los interiores que contrasta con la oscuridad exterior— refuerza la sensación de que la cena es un paréntesis en el tiempo, un espacio sagrado donde la verdad tiene permiso para asomar.
"La Cuadrilla" es, en definitiva, una obra introspectiva que apela directamente al corazón y a la memoria del lector. Es un ejercicio de realismo sucio y tierno a la vez, que evita los sentimentalismos fáciles para ofrecer una visión honesta de lo que significa envejecer y mantener vivos los vínculos humanos. Para cualquier amante del cómic que busque historias con calado psicológico, que prefiera el desarrollo de personajes sobre la acción frenética, esta obra es una lectura obligatoria. Javier de Isusi no solo nos cuenta la historia de un grupo de amigos; nos ofrece un espejo en el que, tarde o temprano, todos terminaremos por vernos reflejados. Es una celebración de la amistad con todas sus aristas, una pieza de orfebrería narrativa que demuestra que, a veces, el viaje más épico es aquel que hacemos de vuelta a nuestras propias raíces.