Los Tres Bill

En el vasto y polvoriento horizonte de la historieta española, donde los héroes solían ser figuras de mandíbula cuadrada y rectitud inquebrantable, surgió a finales de la década de los 50 una propuesta que subvertía con maestría los códigos del *western* cinematográfico. Hablamos de "Los Tres Bill", una de las joyas tempranas y quizás menos reivindicadas del genio indiscutible del tebeo, Francisco Ibáñez. Publicada originalmente en las páginas de la mítica revista *Pulgarcito* de la Editorial Bruguera, esta obra representa un eslabón fundamental para entender la evolución del humor gráfico en España y el nacimiento del estilo que más tarde consagraría a Mortadelo y Filemón.

La premisa de "Los Tres Bill" nos traslada a un Lejano Oeste pasado por el tamiz del absurdo y la sátira. Los protagonistas son tres hermanos trillizos —Bill, Bull y Boll— que, a pesar de compartir una apariencia física prácticamente idéntica (distinguibles apenas por pequeños detalles o por la pura inercia del caos que generan), poseen una capacidad asombrosa para transformar cualquier situación cotidiana de la frontera en un desastre de proporciones épicas. No son los típicos pistoleros solitarios que cabalgan hacia la puesta de sol tras salvar al pueblo; son, más bien, el motor de un slapstick desenfrenado que no deja títere con cabeza.

El contexto en el que se mueven es un microcosmos de los clichés del género: saloons de puertas batientes, sheriffs desbordados, forajidos de mirada torva y desiertos infinitos. Sin embargo, Ibáñez utiliza estos elementos no para rendir homenaje al género, sino para deconstruirlo. En "Los Tres Bill", la épica es sustituida por la torpeza. Si hay un duelo al sol, podemos estar seguros de que el arma se encasquillará, el pantalón se caerá en el momento menos oportuno o una vaca despistada cruzará la línea de fuego.

Lo que hace que este cómic destaque como una pieza de colección para cualquier experto es la efervescencia creativa de un Ibáñez joven que empezaba a dominar el lenguaje del movimiento. A diferencia de otros autores de la época que mantenían una puesta en escena más estática, en "Los Tres Bill" ya se percibe esa "dinámica del porrazo" tan característica de la Escuela Bruguera. Las viñetas rebosan de onomatopeyas, líneas de acción y una expresividad facial que convierte cada golpe, caída o sorpresa en una pequeña obra de arte del humor visual.

La relación entre los tres hermanos es el eje central de la narrativa. Aunque actúan como una unidad, sus interacciones están plagadas de malentendidos y una rivalidad fraternal cómica que a menudo es la causa de sus propios fracasos. No hay un líder claro, o mejor dicho, los tres intentan serlo con resultados igualmente desastrosos. Esta dinámica de grupo permite a Ibáñez jugar con la confusión de identidad, un recurso clásico de la comedia que aquí se eleva a la enésima potencia gracias a la condición de trillizos de los protagonistas.

Desde el punto de vista histórico, "Los Tres Bill" es un testimonio del "estilo Bruguera" en su máxima expresión: ese humor basado en la frustración, donde el héroe nunca gana y donde la autoridad suele ser objeto de burla. A través de estos tres vaqueros, el lector de la España de los 50 y 60 encontraba una válvula de escape, una forma de reírse de la rigidez de las estructuras sociales mediante la parodia de un género extranjero que dominaba las pantallas de cine.

En definitiva, "Los Tres Bill" no es solo un cómic de vaqueros; es un ejercicio de ingenio donde el dibujo caricaturesco y el ritmo frenético se dan la mano. Es la prueba de que, incluso en los escenarios más áridos del Arizona imaginario, el humor español supo plantar una semilla de genialidad. Para el lector contemporáneo, acercarse a esta obra es realizar un viaje arqueológico a las raíces de la comedia visual, descubriendo que, mucho antes de las misiones secretas y los disfraces imposibles, hubo tres hermanos que intentaron conquistar el Oeste y terminaron conquistando, a base de mamporros y carcajadas, un lugar de honor en la historia del noveno arte.

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