En el vasto océano de la narrativa gráfica española contemporánea, pocas obras logran anclar en el corazón del lector con la fuerza y la delicadeza de "El Capitán Deriva". Escrita por el guionista Santi Selvi e ilustrada con una sensibilidad exquisita por Zarzo, esta novela gráfica, editada por GP Ediciones, se erige como un faro necesario para iluminar uno de los temas más complejos y dolorosos de nuestra sociedad: el olvido y la pérdida de la identidad a través de las enfermedades neurodegenerativas.
La historia nos presenta a un protagonista inolvidable, un anciano que en sus años de juventud fue un curtido lobo de mar, un hombre cuya vida estuvo regida por las mareas, los vientos y el horizonte infinito. Sin embargo, el presente lo encuentra en un escenario radicalmente distinto: una residencia de ancianos, un "puerto de tierra" donde los días transcurren entre paredes blancas y rutinas pautadas. El Capitán ya no navega por el Atlántico ni el Mediterráneo, sino por las procelosas y confusas aguas de su propia mente, donde los recuerdos comienzan a desdibujarse como una costa que se aleja entre la bruma.
El título de la obra es, en sí mismo, una metáfora perfecta. Estar "a la deriva" en términos náuticos significa perder el control del rumbo, quedar a merced de las corrientes y los elementos. Para nuestro protagonista, la deriva no es física, sino cognitiva. El cómic explora con una maestría inusual cómo el pasado y el presente se solapan; para el Capitán, el pasillo de la residencia puede transformarse de repente en la cubierta de un navío, y el personal sanitario en una tripulación que intenta, a veces con éxito y otras con frustración, mantener el barco a flote.
Uno de los pilares fundamentales de la trama es la relación del Capitán con su nieto. Es a través de los ojos del niño donde la obra alcanza su mayor cota de ternura. Mientras que el mundo adulto a menudo ve en el anciano a un enfermo que requiere cuidados y vigilancia, el nieto ve a un héroe, a un explorador de mundos lejanos. Esta conexión intergeneracional es el motor emocional de la historia, demostrando que, aunque la memoria se evapore, el vínculo afectivo permanece intacto, actuando como el último cabo que sujeta al protagonista a la realidad.
Visualmente, el trabajo de Zarzo es fundamental para entender la magnitud de la obra. El dibujo no solo ilustra, sino que narra el estado mental del protagonista. El uso del color es narrativo: los tonos se transforman cuando la realidad se mezcla con la ensoñación marinera. Las texturas evocan la salitre y la madera vieja, creando una atmósfera envolvente que permite al lector sentir la humedad del océano y el frío de la soledad. La composición de las viñetas juega con la desorientación del Capitán, rompiendo a veces la estructura tradicional para sumergirnos en su confusión, pero siempre manteniendo una elegancia estética que dignifica al personaje.
"El Capitán Deriva" no es solo un cómic sobre el Alzheimer o la demencia senil; es un canto a la dignidad en la vejez. Santi Selvi huye del melodrama fácil y del sentimentalismo barato para ofrecernos un relato honesto, crudo por momentos, pero profundamente humano. La obra nos invita a reflexionar sobre cómo tratamos a nuestros mayores y sobre la importancia de la imaginación como refugio ante la adversidad.
En conclusión, nos encontramos ante una pieza imprescindible del cómic social español. Es una lectura que requiere calma, que invita a la reflexión y que, tras cerrar sus páginas, deja una huella duradera. Es una travesía emocional que nos recuerda que, incluso cuando el mapa de nuestra vida se borra y el timón deja de responder, siempre habrá alguien en la orilla esperando para darnos la bienvenida a casa. Una obra valiente, poética y necesaria que confirma que el noveno arte es el vehículo perfecto para explorar las profundidades del alma humana.