Jorge y Fernando

Dentro del vasto y colorido panteón de la historieta española, existe un rincón fundamental dedicado a las obras que cimentaron la industria del "tebeo" durante la posguerra y los años de la dictadura. Como experto en el noveno arte, es un placer rescatar del archivo una de las creaciones más representativas de la etapa temprana del genio Francisco Ibáñez: 'Jorge y Fernando'.

Publicada originalmente en las páginas de la mítica revista *El DDT* de la Editorial Bruguera a finales de los años 50 (concretamente hacia 1957), esta serie es un testimonio vivo de la evolución del estilo de Ibáñez antes de que *Mortadelo y Filemón* se convirtieran en un fenómeno de masas. 'Jorge y Fernando' no es solo una tira cómica de humor; es una radiografía satírica, aunque amable, de las aspiraciones y frustraciones de la clase media-baja española de la época.

La premisa y los personajes

La serie nos presenta a una pareja de amigos que encajan perfectamente en el arquetipo del "dúo dinámico" de la comedia clásica, herederos directos de figuras como El Gordo y el Flaco o Don Quijote y Sancho Panza. Jorge es el personaje alto, espigado y, en teoría, el cerebro de la operación. Viste con una elegancia algo raída que denota su deseo de pertenecer a una clase social superior. Por otro lado, Fernando es bajito, rechoncho y suele ser el ejecutor de los planes de su compañero, además de ser quien, casi invariablemente, recibe la peor parte de los desastres físicos.

La dinámica entre ambos es el motor de la obra. Jorge y Fernando son dos buscavidas, dos "pícaros" modernos que se encuentran en una búsqueda perpetua de la prosperidad económica. Sin embargo, a diferencia de otros personajes de la Escuela Bruguera que viven en la marginalidad absoluta, ellos mantienen una fachada de respetabilidad que hace que sus fracasos sean aún más cómicos y patéticos.

El escenario: La lucha por la supervivencia

Sin desvelar tramas específicas, la sinopsis de sus aventuras se resume en el ciclo eterno del "intento y fracaso". Cada historieta suele comenzar con los protagonistas embarcándose en una nueva empresa: ya sea un negocio propio, un empleo estrafalario o un plan para hacerse ricos rápidamente. Los vemos ejercer de detectives, vendedores a domicilio, inventores o simples empleados de oficina.

Lo que hace que 'Jorge y Fernando' destaque es cómo Ibáñez utiliza estas situaciones para retratar la España de los años 50. El lector se encuentra con un entorno urbano de calles estrechas, pensiones humildes y oficinas polvorientas. El humor surge de la colisión entre las ambiciones desmedidas de Jorge y la cruda realidad de una sociedad que no ofrece oportunidades fáciles. El optimismo ciego de los personajes es su mayor virtud y, al mismo tiempo, su condena.

El estilo artístico y narrativo

Desde el punto de vista técnico, 'Jorge y Fernando' muestra a un Ibáñez en pleno proceso de maduración. Aunque todavía se perciben influencias de autores como Franquin o el estilo de la escuela franco-belga, ya empezamos a ver los rasgos distintivos que lo harían famoso: el dinamismo extremo en las figuras, las expresiones faciales exageradas que transmiten dolor o sorpresa de forma magistral, y ese ritmo frenético donde cada viñeta parece estar a punto de estallar.

La narrativa es ágil, apoyada en diálogos chispeantes cargados de ironía y dobles sentidos. El uso de la onomatopeya y el "slapstick" (humor físico) es constante. Los golpes, las caídas y las persecuciones están dibujados con una elasticidad que convierte la violencia cómica en un ballet visual. Es aquí donde se gestó la capacidad de Ibáñez para hacer que el fracaso de sus personajes resultara hilarante en lugar de triste.

Legado y relevancia

Aunque 'Jorge y Fernando' fue eventualmente eclipsada por otras series del autor, su importancia histórica es innegable. Fue el campo de pruebas donde Ibáñez perfeccionó la interacción entre dos protagonistas con personalidades contrapuestas, una fórmula que luego elevaría a la perfección con sus agentes de la T.I.A.

En conclusión, 'Jorge y Fernando' es una obra imprescindible para entender la "picaresca" del cómic español. Es una oda a la amistad incondicional frente a la adversidad y un recordatorio de que, aunque el mundo nos cierre las puertas una y otra vez, siempre habrá un amigo dispuesto a acompañarnos en el siguiente y disparatado intento por alcanzar el éxito. Una lectura nostálgica, brillante y, por encima de todo, profundamente humana.

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