Mamita

En el panorama actual del noveno arte, donde las historias de redención y los futuros distópicos parecen haberlo explorado todo, surge una obra que refresca el género de acción con una sensibilidad cultural única y una protagonista inolvidable. Me refiero a "Mamita", la novela gráfica escrita por Nguyen-Anh Nguyen e ilustrada magistralmente por Sylvia Bi, publicada bajo el prestigioso sello francés Label 619 (Ankama). Como experto en narrativa secuencial, puedo afirmar que estamos ante una pieza que no solo destaca por su adrenalina, sino por su capacidad de subvertir los tropos del género "cyberpunk" y del cine de artes marciales.

La historia nos transporta a un Neo-Saigón vibrante y asfixiante a partes iguales. Es un futuro cercano donde la tecnología ha transformado la fisonomía de Vietnam, convirtiéndola en una metrópolis de neón, cables expuestos y contrastes sociales profundos. En este escenario conocemos a la protagonista que da nombre a la obra: una mujer de edad avanzada, de apariencia frágil y gestos amables, que vive una existencia aparentemente tranquila dedicada a su familia y a las tradiciones que la modernidad intenta devorar. Sin embargo, tras esa fachada de abuela abnegada que prepara sopa humeante, se esconde un pasado letal que ha intentado enterrar durante décadas.

El conflicto estalla cuando la seguridad de su círculo más íntimo —específicamente la de su nieto— se ve amenazada por las sombras de su propia historia. Mamita se ve obligada a desempolvar habilidades que pertenecen a otra era, una época de violencia y sombras donde ella era una figura legendaria. Lo que sigue es una odisea de supervivencia y protección que nos lleva por los bajos fondos de la ciudad, enfrentándola a sindicatos criminales y a una nueva generación de mercenarios que subestiman el peligro que representa una mujer que ya no tiene nada que perder, pero sí mucho que proteger.

Lo que hace que "Mamita" sea una lectura imprescindible es el equilibrio entre su guion y su apartado visual. Nguyen-Anh Nguyen construye una narrativa con un ritmo cinematográfico impecable, heredero del mejor cine de acción de Hong Kong y de las historias de "venganza tardía". Pero el guion no se queda en la superficie de los golpes; explora temas profundos como la brecha generacional, el peso del legado, el sacrificio femenino y la resistencia de la identidad cultural frente al avance tecnológico deshumanizador.

Por otro lado, el arte de Sylvia Bi es, sencillamente, un espectáculo para los sentidos. Su estilo es dinámico y rebosa personalidad. Bi logra algo difícil: que las escenas de acción sean cinéticas y legibles, casi coreografiadas, mientras que los momentos de calma están cargados de una atmósfera íntima y detallista. Su uso del color es fundamental para definir la dualidad de la obra: los tonos cálidos del hogar de Mamita contrastan violentamente con los azules eléctricos y magentas sintéticos de la noche de Neo-Saigón. La expresividad que otorga a la protagonista es magistral, logrando que el lector vea, en un solo panel, a la

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