Como experto en el noveno arte, me complace analizar una de las obras más ambiciosas y necesarias del panorama editorial contemporáneo: el cómic "Historia de España". Esta obra no es simplemente un libro de texto ilustrado; es una epopeya visual que utiliza la narrativa secuencial para destilar milenios de triunfos, tragedias, contradicciones y genialidades que han dado forma a la identidad de una nación.
Desde la primera viñeta, el lector se sumerge en un viaje cronológico que comienza mucho antes de que el concepto de "España" estuviera siquiera en la imaginación de los hombres. La obra arranca con la fuerza de la tierra, mostrando los primeros asentamientos en Atapuerca y la llegada de los pueblos colonizadores. El arte, que suele transitar entre un realismo meticuloso y un dinamismo épico, logra que las piedras de los dólmenes y las espadas de los íberos cobren una vida que los libros de historia convencionales a menudo no consiguen transmitir.
El guion nos guía con mano firme a través de la Hispania romana, un periodo crucial donde el cómic se detiene para mostrar la construcción de infraestructuras, el derecho y la lengua, elementos que actúan como el cemento de lo que vendrá después. La transición hacia la época visigoda y la posterior invasión musulmana se narra no solo como una sucesión de batallas, sino como un complejo choque y fusión de culturas. Aquí, el uso del color y la composición de las páginas juegan un papel fundamental: los tonos ocres de las mesetas se mezclan con los azules y geometrías de Al-Ándalus, creando una experiencia estética que envuelve al lector en la atmósfera de la Reconquista.
Uno de los puntos más logrados de esta obra es su capacidad para manejar la escala. El cómic sabe cuándo alejarse para mostrarnos el panorama geopolítico de