Como experto en el noveno arte, es un placer analizar una de las piezas más emblemáticas de la cultura popular que logró trascender la pantalla para instalarse en las viñetas: el cómic de "Heidi – Dibujos basados en la serie de Televisión". Esta obra no es simplemente una adaptación más; es el testimonio impreso de un fenómeno social que paralizó a España y Latinoamérica en la década de los 70, capturando la esencia de la mítica serie de animación japonesa de 1974 dirigida por Isao Takahata y con diseños de Hayao Miyazaki.
La sinopsis nos sitúa en los majestuosos Alpes suizos, donde la pequeña Heidi, una niña huérfana de espíritu inquebrantable y alegría contagiosa, es llevada por su tía Dete a vivir con su abuelo, conocido en el pueblo de Dörfli como "El Viejo de los Alpes". Este hombre, un ermitaño de carácter hosco y pasado misterioso que vive alejado de la sociedad en una cabaña de madera, recibe a la niña con una reticencia que pronto se verá desarmada por la inocencia y el amor incondicional de su nieta.
A través de las viñetas, el lector acompaña a Heidi en su descubrimiento de la naturaleza en su estado más puro. La narrativa visual del cómic pone especial énfasis en la libertad de las montañas, la belleza de los cambios de estación y la sencillez de la vida rural. En este entorno, Heidi entabla una amistad entrañable con Pedro, un joven cabrero que se convierte en su guía y compañero de aventuras, y con las cabras del rebaño, especialmente con la pequeña "Copito de Nieve". La vida parece haber encontrado un equilibrio perfecto entre el aire puro, el queso de montaña y las puestas de sol que tiñen de rojo las cumbres.
Sin embargo, el conflicto central de la obra surge cuando la tía Dete regresa para llevarse a Heidi a la ciudad de Frankfurt, en Alemania. Este giro argumental traslada la historia de un entorno bucólico a uno urbano y rígido, donde Heidi debe servir como dama de compañía para Clara Sesemann, una niña de salud frágil que vive confinada en una silla de ruedas en una mansión señorial. Aquí, el cómic explora el choque cultural y emocional: la libertad de los Alpes frente a la disciplina asfixiante impuesta por la estricta señorita Rottenmeier, la gobernanta de la casa, quien ve en la naturalidad de Heidi una amenaza para el orden y la etiqueta.
El corazón de la trama reside en el vínculo inquebrantable que se forma entre Heidi y Clara. A pesar de las barreras sociales y físicas, ambas niñas encuentran la una en la otra lo que les faltaba: Clara descubre la esperanza y la vitalidad, mientras que Heidi aprende sobre la lealtad y la resiliencia en un entorno que le resulta hostil. La añoranza de Heidi por sus montañas y su abuelo actúa como el motor emocional que mantiene al lector en vilo, preguntándose si la pequeña logrará alguna vez regresar a su hogar en las alturas.
Desde el punto de vista artístico, este cómic es una joya de la nostalgia. Los dibujos respetan escrupulosamente el diseño de personajes del estudio Zuiyo Eizo (más tarde Nippon Animation), manteniendo esa estética de "World Masterpiece Theater" que se caracteriza por líneas limpias, expresiones faciales sumamente comunicativas y fondos detallados que logran transmitir la inmensidad del paisaje alpino. Las editoriales de la época, como Bruguera en España, supieron adaptar el ritmo cinematográfico de la serie al formato de la historieta, utilizando una paleta de colores vibrantes que emulaba la calidez del Technicolor televisivo.
En conclusión, "Heidi – Dibujos basados en la serie de Televisión" es mucho más que un producto derivado; es una oda a la infancia, a la amistad sin fronteras y al respeto por la naturaleza. Es una obra que invita a la reflexión sobre lo que realmente significa la libertad y cómo el amor puede ablandar hasta el corazón más endurecido. Un clásico imprescindible que sigue cautivando a nuevas generaciones por su honestidad emocional y su belleza visual.