Hablar de Zipi y Zape es adentrarse en el corazón mismo de la historieta española, y referirse a la edición de "Super Zipi Zape" publicada por Ediciones B es hablar de uno de los pilares que sostuvo la nostalgia y la diversión de varias generaciones durante las décadas de los 80 y 90. Esta cabecera no era simplemente un cómic más; era un contenedor de ingenio, una antología del desastre doméstico elevado a la categoría de arte por el gran maestro José Escobar.
En esta edición de Ediciones B, el lector se encuentra con una recopilación generosa que expande las aventuras de los gemelos más famosos del tebeo. La estructura de "Super Zipi Zape" permitía disfrutar no solo de las clásicas historietas de una página, con sus remates rápidos y gags visuales infalibles, sino también de aventuras más largas y elaboradas que ponían a prueba la resistencia física y mental de la sufrida familia Zapatilla.
La premisa, aunque aparentemente sencilla, es el motor de un humor atemporal: Zipi, el rubio, y Zape, el moreno, son dos hermanos con una capacidad innata para transformar cualquier situación cotidiana en un cataclismo de proporciones épicas. Su objetivo vital suele ser doble: por un lado, conseguir el esquivo "vale por una bicicleta" que su padre, el ínclito Don Pantuflo Zapatilla, les promete constantemente a cambio de buenas notas y un comportamiento ejemplar; por otro, ayudar a los demás, aunque sus buenas intenciones suelan pavimentar el camino hacia el desastre más absoluto.
El ecosistema de personajes que rodea a los gemelos en este volumen es fundamental para entender el éxito de la obra. Don Pantuflo, catedrático en Filatelia y Numismática, representa la autoridad pomposa y anacrónica, siempre dispuesto a aplicar castigos creativos (como el cuarto de los ratones o las interminables horas de estudio) que rara vez surten efecto. Junto a él, Doña Jaimita, la madre abnegada que intenta mantener la paz en un hogar que siempre parece estar al borde del colapso. No podemos olvidar a secundarios de lujo como el repelente y sabelotodo primo Sapientín, o los eternos rivales y amigos de la escuela, que bajo la tutela del severo Don Minervo, conforman un retrato satírico de la educación y la infancia de la época.
Lo que hace especial a la edición "Super" de Ediciones B es su capacidad para mostrar la evolución del trazo de Escobar. En estas páginas, el lector aprecia un dibujo dinámico, donde el movimiento se narra a través de líneas cinéticas y onomatopeyas que ya forman parte del léxico popular. El estilo de Escobar es limpio pero detallista en lo que respecta a la expresión facial; el pavor de un vecino al ver acercarse a los gemelos o la resignación de Don Pantuflo están dibujados con una maestría que solo un genio del medio podría alcanzar.
Además, este formato solía incluir secciones complementarias y, en ocasiones, historietas de otros personajes de la casa Bruguera (cuyo fondo editorial fue heredado por Ediciones B), lo que convertía a cada ejemplar en una revista de variedades gráfica. Sin embargo, el núcleo siempre eran Zipi y Zape. Sus historias en este volumen no solo buscan la carcajada, sino que ofrecen una visión costumbrista de la España de la segunda mitad del siglo XX, pasada por el tamiz de la caricatura.
En "Super Zipi Zape – Ed. B", el lector encontrará una oda a la travesura como forma de exploración del mundo. A pesar de los castigos y las frustraciones, hay una inocencia inquebrantable en los protagonistas. No son niños malvados; son motores de energía inagotable que chocan frontalmente con las rígidas normas del mundo adulto. Esta edición es, en definitiva, un viaje a un tiempo donde la mayor preocupación era llenar un álbum de cromos o evitar que el profesor descubriera una de sus ingeniosas (y fallidas) estratagemas. Un volumen imprescindible para coleccionistas y una puerta de entrada perfecta para nuevos lectores que quieran entender por qué, décadas después, el apellido Zapatilla sigue siendo sinónimo de diversión desenfrenada.