Snoopy y Carlitos

Publicada originalmente bajo el título de *Peanuts*, la obra maestra de Charles M. Schulz es mucho más que una simple tira cómica dominical; es, posiblemente, el estudio psicológico y sociológico más profundo y prolongado que se haya realizado jamás en el noveno arte. Desde su debut en 1950 hasta la última tira publicada tras la muerte de su autor en el año 2000, "Snoopy y Carlitos" ha redefinido el concepto de la infancia en la cultura popular, dotándola de una complejidad emocional y existencial sin precedentes.

La premisa parece sencilla: un grupo de niños que viven su día a día en un vecindario suburbano estadounidense. Sin embargo, en el centro de este universo se encuentra Charlie Brown (Carlitos), el "eterno perdedor" por excelencia. Charlie Brown no es el héroe tradicional; es un niño acosado por la ansiedad, la duda y una mala suerte casi cósmica. Su lucha diaria por hacer volar una cometa (que siempre termina devorada por el "Árbol Come-Cometas"), por ganar un partido de béisbol o por reunir el valor para hablar con la Niña Pelirroja, resuena en cualquier lector que alguna vez haya sentido que el mundo está en su contra. Charlie Brown es la personificación de la resiliencia humana: a pesar de sus constantes fracasos, nunca deja de intentarlo.

Como contrapunto perfecto a la introspección melancólica de su dueño, aparece Snoopy, un beagle con una imaginación desbordante que se niega a aceptar las limitaciones de su condición canina. Snoopy no solo es una mascota; es un aviador de la Primera Guerra Mundial persiguiendo al Barón Rojo, un novelista frustrado que siempre empieza con "Era una noche oscura y tormentosa", y un estudiante universitario apodado "Joe Cool". A través de Snoopy, Schulz introduce el elemento del surrealismo y la libertad creativa, permitiendo que la tira respire entre los momentos de pesadumbre filosófica de los personajes humanos.

El reparto secundario es igualmente icónico y fundamental. Lucy van Pelt representa la voz de la autoridad cínica y la crítica mordaz, operando un puesto de "Ayuda Psiquiátrica" por cinco centavos donde ofrece consejos tan directos como brutales. Su hermano Linus, por el contrario, es el filósofo del grupo; a pesar de depender de su manta de seguridad, posee una sabiduría teológica y existencial que supera a la de cualquier adulto. También encontramos a Schroeder, el virtuoso del piano de juguete obsesionado con Beethoven; a Peppermint Patty, la niña atlética y descuidada en los estudios; y a Marcie, la intelectual que siempre llama a Patty "señor" (sir).

Uno de los aspectos más revolucionarios de "Snoopy y Carlitos" es la ausencia total de adultos. Aunque los niños interactúan con el mundo exterior, los adultos son figuras invisibles, voces fuera de plano o simplemente conceptos abstractos. Esto permite que los conflictos de la infancia —el miedo al rechazo, la soledad, la búsqueda de significado y la crueldad social— se traten con una seriedad absoluta, sin la condescendencia que suele acompañar a las historias infantiles.

Visualmente, el estilo de Schulz evolucionó hacia un minimalismo elegante y expresivo. Sus líneas, a veces temblorosas pero siempre precisas, logran transmitir una gama inmensa de emociones con apenas un par de trazos. El diseño de los personajes es tan icónico que ha trascendido el papel para convertirse en un fenómeno global de merchandising, aunque esto a veces eclipse la profundidad literaria de la obra original.

Leer "Snoopy y Carlitos" es enfrentarse a un espejo de la condición humana. Es una obra que transita entre la comedia más pura y una tristeza reconfortante. A través de sus cuatro viñetas diarias, Schulz logró capturar la esencia de la vida: esa mezcla agridulce de pequeñas victorias, grandes decepciones y la esperanza inquebrantable de que, quizás mañana, finalmente logremos patear el balón de fútbol antes de que alguien nos lo quite. Es, sin duda, una lectura esencial para entender el siglo XX y para comprenderse mejor a uno mismo.

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