Aventuras de Hijitus

Aventuras de Hijitus: El Corazón de Oro de Trulalá

Hablar de las *Aventuras de Hijitus* es adentrarse en la piedra angular de la historieta y la animación argentina. Creado por el visionario Manuel García Ferré, este cómic no solo narra las peripecias de un niño humilde, sino que construye un ecosistema narrativo complejo, cargado de simbolismos, humor y una lucha eterna entre la pureza de corazón y la ambición desmedida. Como experto en el noveno arte, es fascinante analizar cómo una obra aparentemente infantil logra cimentar un universo tan rico que ha perdurado en el imaginario colectivo por décadas.

La historia se desarrolla en Trulalá, una ciudad vibrante y surrealista que sirve como el escenario perfecto para una galería de personajes inolvidables. El protagonista, Hijitus, es un niño de la calle que vive en un caño (una tubería de alcantarillado) en las afueras de la ciudad. Acompañado por su fiel y valiente perro Pichichus, Hijitus representa la inocencia y la rectitud moral. Sin embargo, su vida no es solo una lucha por la supervivencia diaria; el joven posee un secreto extraordinario: un sombrero mágico, su "sombreritus". Al pronunciar las palabras mágicas —*“Sombreritus, que en Super Hijitus me convierta”*— y atravesarlo, el niño se transforma en Super Hijitus, un héroe dotado de superfuerza y la capacidad de volar, listo para frustrar los planes de los villanos que amenazan la paz de Trulalá.

El conflicto central de las aventuras suele girar en torno a las maquinaciones del Profesor Neurus, un científico loco y megalómano que busca incansablemente el poder absoluto y la riqueza. Neurus no actúa solo; cuenta con una banda de secuaces tan torpes como entrañables: Pucho, un maleante con acento porteño y un eterno pucho (cigarrillo) en la boca; Serrucho, cuya característica principal es el sonido de sus dientes; y el Gran Hampa, el jefe en las sombras. A este bando se suma ocasionalmente la Bruja Cachavacha, quien aporta un elemento sobrenatural y folclórico a la trama, volando en su escoba y lanzando maleficios que complican la vida de los ciudadanos.

Lo que eleva a *Aventuras de Hijitus* por encima de otros cómics de superhéroes es su rica red de personajes secundarios. Tenemos a Oaky, el hijo bebé del hombre más rico de la ciudad, Gold Silver. Oaky es un personaje fascinante: aunque es un bebé con pañales, porta dos pistolas y tiene una actitud desafiante y aventurera, representando esa rebeldía infantil que a menudo choca con la autoridad. También destaca Larguirucho, un personaje de una ambigüedad moral exquisita; no es malvado, pero su ingenuidad y falta de criterio lo llevan a trabajar tanto para los buenos como para los malos, convirtiéndose en el alivio cómico y en el corazón emocional de muchas historias.

El estilo visual de García Ferré es inconfundible. Sus trazos son limpios y expresivos, con un diseño de personajes que prioriza la silueta y la personalidad sobre el realismo. Cada viñeta de las *Aventuras de Hijitus* destila una estética que mezcla el arte clásico de la animación de mediados de siglo con modismos y paisajes puramente rioplatenses. La narrativa es ágil, llena de onomatopeyas lúdicas y un lenguaje que, aunque accesible, no teme explorar temas como la justicia social, la codicia y la importancia de la amistad.

En estas páginas, el lector no encontrará solo batallas épicas, sino una exploración de los valores humanos. Trulalá es un microcosmos de la sociedad, donde conviven la opulencia de Gold Silver, la ambición intelectual de Neurus y la sencillez de Hijitus. El cómic logra que el lector se identifique con la vulnerabilidad del héroe, quien, a pesar de sus poderes, nunca deja de ser ese niño que busca el bienestar de sus amigos.

En conclusión, *Aventuras de Hijitus* es una obra imprescindible. Es un viaje a un mundo donde la magia reside en un sombrero de lana y la verdadera fuerza no proviene de los músculos, sino de la nobleza del espíritu. Sin spoilers, basta decir que cada aventura es una lección de ingenio y esperanza, una pieza de arte que define la identidad de la historieta latinoamericana y que sigue invitando a nuevas generaciones a exclamar con entusiasmo: ¡Fufú… y chucu, chucu, chucu!

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