PININ

Pinín: El Héroe de la Boina Roja y el Sueño Asturiano

Dentro del vasto e histórico panorama del noveno arte en España, existen figuras que trascienden el papel para convertirse en auténticos iconos de la identidad cultural de una región. Si hablamos de Asturias, no hay nombre más resonante que el de Pinín. Creado por el genial dibujante y cronista Alfonso Iglesias en 1943, *Las aventuras de Pinín, que de Pinín de la Flor es su nombre* no es solo un cómic; es un testimonio de ingenio, una carta de amor al paisaje cantábrico y una de las obras más singulares de la narrativa gráfica española de la posguerra.

La historia nos presenta a Pinín, un niño asturiano, menudo pero valiente, que encarna todas las virtudes de la infancia rural de mediados del siglo XX. Ataviado con su inseparable boina roja y calzando las tradicionales madreñas (zuecos de madera), Pinín habita en el idílico entorno de Pajares. Sin embargo, lo que comienza como una crónica de la vida cotidiana en el campo pronto se transforma en una epopeya de dimensiones fantásticas. Acompañado por sus inseparables familiares, el abuelo Pinón y la tía Telva, Pinín se embarca en una serie de viajes que lo llevarán mucho más allá de las montañas asturianas.

El elemento más emblemático y fascinante de este cómic es, sin duda, el Madreñogiro. En un alarde de imaginación que mezcla el folclore con la ciencia ficción más ingenua, Alfonso Iglesias dota a su protagonista de un vehículo prodigioso: una madreña gigante convertida en helicóptero. Este artefacto no es solo un medio de transporte; es un símbolo poderoso de cómo la tradición (la madera, el calzado humilde) puede elevarse y conquistar el cielo a través de la inventiva. A bordo del Madreñogiro, Pinín no solo recorre la geografía asturiana, sino que cruza fronteras internacionales e incluso espaciales, llegando a lugares tan remotos como Nueva York o la mismísima Luna, siempre portando con orgullo su identidad.

Desde el punto de vista narrativo, el cómic de Pinín destaca por su capacidad para equilibrar el humor costumbrista con la aventura clásica. Alfonso Iglesias poseía un trazo limpio, dinámico y una capacidad magistral para la caricatura, lo que permitía que sus personajes fueran instantáneamente reconocibles y entrañables. El lenguaje utilizado en las viñetas es otro de sus grandes aciertos: un castellano salpicado de asturianismos que aporta una riqueza filológica y una autenticidad raras veces vista en los tebeos de la época.

La importancia de Pinín radica en su universalidad desde lo local. Aunque el cómic está profundamente enraizado en las costumbres, la gastronomía y el paisaje de Asturias, los temas que trata son universales: la curiosidad por lo desconocido, la importancia de los lazos familiares, la astucia frente a la fuerza bruta y la bondad como motor de cambio. Pinín es un héroe que no necesita superpoderes ni armaduras tecnológicas; su fuerza reside en su optimismo y en su capacidad para asombrarse ante el mundo, ya sea contemplando un valle verde o las luces de una gran metrópolis.

A lo largo de sus páginas, el lector no solo encontrará peripecias emocionantes, sino también una crónica social sutil. A través de los ojos de Pinín, vemos el contraste entre el mundo rural y la modernidad galopante, siempre bajo una mirada amable y llena de esperanza. La obra de Iglesias consiguió algo que pocos cómics logran: unir a generaciones enteras. Los abuelos se veían reflejados en Pinón, las madres en la abnegada y fuerte Telva, y los niños soñaban con pilotar esa madreña voladora que desafiaba las leyes de la física.

En resumen, adentrarse en las páginas de *Pinín* es realizar un viaje de nostalgia y descubrimiento. Es redescubrir una joya del cómic español que supo ser vanguardista manteniendo sus raíces. Para el experto, es una pieza de estudio obligatoria sobre la narrativa regionalista; para el lector casual, es una puerta abierta a un mundo donde la aventura no tiene límites y donde un niño con boina roja puede, literalmente, tocar el cielo con sus manos. Pinín no es solo un personaje; es el espíritu de una tierra que se atrevió a soñar con volar sin quitarse nunca los pies de la madera.

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