Popeye -Album Segar- 1-3

Hablar de Popeye, el marino más famoso de la historia, es remitirse a uno de los pilares fundamentales de la narrativa secuencial. Sin embargo, para entender la verdadera magnitud de este icono, es imperativo alejarse de las versiones simplificadas de los dibujos animados y sumergirse en la obra original de su creador, E.C. Segar. La colección 'Popeye – Álbum Segar – 1-3' representa no solo el nacimiento de una leyenda, sino una de las cumbres creativas de las tiras de prensa estadounidenses del siglo XX.

Esta recopilación nos traslada a la era de la Gran Depresión, donde el cómic no era solo entretenimiento infantil, sino una crónica social cargada de sátira, surrealismo y una humanidad cruda. Los tres primeros volúmenes de esta etapa recogen la transición de la tira original, titulada *Thimble Theatre*, hacia lo que se convertiría en el fenómeno mundial que conocemos hoy. En sus inicios, la tira estaba protagonizada por la familia Oyl: la espigada y voluble Olive Oyl (Olivia), su ambicioso hermano Castor Oyl y el novio de esta, el despistado Ham Gravy. Sin embargo, todo cambia con la entrada en escena de un marinero tuerto, de habla ininteligible y fuerza descomunal, contratado inicialmente para una misión secundaria.

En el Volumen 1, asistimos al debut histórico de Popeye. Lo que originalmente iba a ser una aparición fugaz para ayudar a Castor Oyl a navegar hacia una isla llena de casinos, termina por canibalizar la serie. Segar dota a Popeye de una ética inquebrantable y una filosofía de vida basada en la autenticidad ("I yam what I yam"). En estas primeras páginas, el lector descubrirá que el origen de su fuerza no reside inicialmente en las espinacas —un elemento que se popularizó más tarde—, sino en el contacto místico con la gallina Bernice, la mítica "Whiffle Hen", un animal que otorga suerte y vitalidad a quien la acaricia.

A medida que avanzamos hacia los Volúmenes 2 y 3, la narrativa de Segar se expande hacia horizontes épicos. A diferencia de las historias autoconclusivas de otros personajes de la época, Segar perfeccionó el formato de "continuará", creando arcos argumentales que duraban meses. Aquí es donde el elenco se enriquece con figuras inolvidables. Aparece J. Wellington Wimpy (Pilón), uno de los personajes más fascinantes de la literatura dibujada: un estafador intelectual, amante de las hamburguesas, cuya amoralidad y elocuencia sirven de contrapunto perfecto a la honestidad brutal de Popeye.

La trama en estos álbumes nos lleva por expediciones marítimas, desiertos inhóspitos y conflictos diplomáticos en países ficticios como Nazilia. La genialidad de Segar reside en su capacidad para mezclar el *slapstick* (comedia física) con una crítica mordaz a la codicia humana y la burocracia. No es un cómic de superhéroes al uso; es una comedia de caracteres donde Popeye actúa como un agente del caos bondadoso en un mundo lleno de timadores y tiranos.

Visualmente, el trabajo de Segar en estos tomos es una lección de ritmo y economía de líneas. Sus personajes son expresivos hasta el extremo, moviéndose en un mundo que parece regirse por leyes físicas propias. La introducción de elementos sobrenaturales y villanos de tintes casi mitológicos, como la Bruja del Mar (Sea Hag), eleva la apuesta dramática, convirtiendo las aventuras de Popeye en una odisea moderna donde el peligro es real y las cicatrices, tanto físicas como emocionales, permanecen.

En resumen, 'Popeye – Álbum Segar – 1-3' es una pieza de arqueología cultural imprescindible. Estos volúmenes capturan el momento exacto en que un personaje secundario se convierte en un arquetipo universal. Para el lector contemporáneo, descubrir estas páginas es una revelación: es encontrar un humor que sigue siendo fresco, una crítica social que no ha perdido vigencia y, sobre todo, la oportunidad de conocer al verdadero Popeye: un hombre rudo, de gran corazón, que no necesita ser un caballero de brillante armadura para ser el héroe más grande de su tiempo. Es, en definitiva, el testamento de un genio que entendió que la fuerza de un hombre no está en sus músculos, sino en su negativa a ser alguien que no es.

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