Guai!

Hablar de la revista Guai! es sumergirse en uno de los capítulos más fascinantes, vibrantes y, a menudo, agridulces de la historia del tebeo en España. Para cualquier experto en el noveno arte, esta publicación no es solo una revista de historietas, sino el símbolo de una transición convulsa y el intento más ambicioso de modernizar el quiosco español a mediados de los años 80.

Publicada originalmente por la Editorial Grijalbo a partir de 1986, *Guai!* nació en un contexto de guerra editorial. Tras la crisis y el posterior declive de la mítica Editorial Bruguera, un grupo de autores legendarios buscó un nuevo hogar donde expandir su creatividad sin las ataduras (y los problemas legales) de su antigua casa. El resultado fue una revista semanal que, desde su primer número, se presentó con una calidad de papel superior, un color más vivo y una actitud que intentaba conectar con la España de la "Movida" y la modernidad europea.

El alma de *Guai!* fue, sin lugar a dudas, el gran Francisco Ibáñez. En aquel entonces, el genio barcelonés se encontraba en una disputa legal por los derechos de sus personajes más famosos, lo que le impidió dibujar a Mortadelo y Filemón para esta nueva cabecera. Lejos de amilanarse, Ibáñez volcó su ingenio en la creación de nuevas series que se convirtieron en el pilar de la revista. La más emblemática fue, probablemente, *Chicha, Tato y Clodoveo (de profesión, en paro)*. Esta serie no solo mantenía el humor físico y el ritmo frenético marca de la casa, sino que introducía una crítica social mordaz y muy necesaria sobre la situación laboral de la juventud española de la época. Junto a ellos, Ibáñez presentó *7, Rebolling Street*, una evolución técnica y visual de su famosa *13, Rue del Percebe*, donde la estructura del edificio permitía un despliegue de gags simultáneos que fascinaron a una nueva generación de lectores.

Pero *Guai!* no era solo el "vehículo de Ibáñez". La revista logró reunir a una constelación de estrellas del tebeo humorístico español. En sus páginas podíamos encontrar a un Raf en estado de gracia con su parodia detectivesca *Mirlowe & Violeta*, una obra maestra del estilo línea clara aplicada al humor que destilaba elegancia y sofisticación. También figuraba el incombustible Segura, que aportaba su visión costumbrista con *Los señores de Alcorcón y el holgazán de Pepón*, manteniendo vivo ese espíritu de la comedia de enredo que tanto éxito había tenido en décadas anteriores pero con un barniz renovado.

Lo que realmente diferenciaba a *Guai!* de sus competidoras directas era su acertada mirada hacia el mercado franco-belga. Grijalbo, aprovechando sus conexiones editoriales, integró en la revista series de altísimo nivel internacional. Los lectores españoles pudieron disfrutar de las aventuras de *Lucky Luke*, el vaquero más rápido que su propia sombra, o de las peripecias de *Spirou y Fantasio*. Además, la revista fue el escaparate perfecto para el *Marsupilami* de Franquin, cuyas historias cortas y gags visuales aportaban un toque de exotismo y maestría técnica difícil de igualar.

Visualmente, la revista era un festín. A diferencia de los tebeos de posguerra, *Guai!* apostaba por una estética limpia, tipografías más modernas y una maquetación que invitaba a la lectura dinámica. Era una revista que se sentía "europea", un puente entre la tradición del tebeo de humor español y la sofisticación de las revistas belgas como *Spirou* o *Tintín*.

A pesar de su indudable calidad y de contar con los mejores autores del momento, la vida de *Guai!* fue relativamente corta en comparación con los gigantes del pasado. Tras pasar por las manos de Tebeos S.A. (Ediciones B), la revista terminó integrando sus contenidos en otras cabeceras, pero su impacto quedó sellado en la memoria colectiva.

En conclusión,

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