Fanhunter: The Final Conflict – El clímax épico del "Sub-Mundo" de Cels Piñol
Para entender *Fanhunter: The Final Conflict*, primero debemos situarnos en el epicentro de un fenómeno que cambió las reglas del juego en el cómic español de los años 90. Cels Piñol, con su estilo de dibujo de "narizones" y un sentido del humor profundamente autorreferencial, creó un universo donde el "frikismo" no era solo una afición, sino una forma de resistencia política y militar. *The Final Conflict* no es simplemente una entrega más; es la culminación de una saga, el evento tipo "Endgame" para toda una generación de lectores que crecieron entre fanzines, tiendas de cómics y partidas de rol.
La premisa nos sitúa en una Barnacity (una Barcelona distópica y post-apocalíptica) bajo el puño de hierro del Papa Alejo I. Para los no iniciados, Alejo es un antiguo librero que, tras perder la cordura, se autoproclama soberano de Europa, establece su sede en el Vaticano y prohíbe cualquier forma de ocio, cultura popular o expresión fanática que no esté aprobada por él. En este mundo, poseer un ejemplar de *Watchmen*, una figura de *Star Wars* o un disco de heavy metal es un crimen castigado con la muerte a manos de los Fanhunters, sus tropas de choque, y los temibles Macutes.
*The Final Conflict* representa el punto de no retorno en la guerra entre las fuerzas de la Resistencia y el ejército del Papa. Tras años de guerrillas urbanas, de chistes internos sobre la industria del cómic y de parodias sangrientas de los grandes éxitos de Hollywood, Piñol decide elevar las apuestas. La narrativa se aleja ligeramente del gag episódico para abrazar una estructura de épica bélica que, aunque nunca abandona el humor absurdo, se toma muy en serio su propia mitología.
La sinopsis nos presenta a una Resistencia acorralada pero más unida que nunca. Los personajes icónicos de la saga, como el atormentado Don Depresor (una parodia brillante de los antihéroes oscuros de los 90), el carismático Ridli Scott, la guerrera Belit y el inclasificable X-Tremo, se ven forzados a ejecutar un plan desesperado. No se trata solo de sobrevivir un día más en las alcantarillas de Barnacity; se trata de un asalto final al corazón del imperio de Alejo para recuperar el derecho a soñar, a leer y a coleccionar.
Lo que hace que *The Final Conflict* destaque como obra cumbre es su capacidad para gestionar el caos. Piñol despliega en estas páginas una cantidad ingente de personajes y subtramas que convergen en una batalla de proporciones bíblicas. El autor utiliza el recurso del "multiverso" y las referencias cruzadas de una manera que hoy nos resulta familiar, pero que en su momento fue revolucionaria en el cómic nacional. Aquí, la parodia de *Akira* se da la mano con homenajes a *El Señor de los Anillos* y guiños constantes a la cultura pop de la era de los videoclubs.
Sin entrar en spoilers, la obra explora temas como la lealtad, el sacrificio y la naturaleza del fanatismo. A través de sus viñetas, Piñol lanza una pregunta subyacente: ¿qué ocurre cuando aquello que amamos se convierte en el motivo de una guerra? El conflicto final no es solo físico, es ideológico. Es la lucha de la imaginación desbordada contra la monotonía impuesta por el dogma.
Visualmente, el cómic mantiene la esencia del "estilo narizón", pero con una ambición narrativa superior. Las escenas de batalla están cargadas de detalles, cameos ocultos y una energía cinética que compensa la sencillez del trazo. Es un caos organizado que requiere múltiples lecturas para captar todos los chistes visuales y las referencias que pueblan cada esquina de la página.
En conclusión, *Fanhunter: The Final Conflict* es una carta de amor y, a la vez, una despedida (o un nuevo comienzo) para un universo que definió el espíritu de una época. Es una lectura obligatoria para entender cómo el cómic español logró construir una mitología propia, capaz de reírse de sí misma mientras construía un relato de resistencia que, décadas después, sigue resonando con fuerza entre aquellos que alguna vez se sintieron "extraños" por sus aficiones. Es el cierre de un ciclo donde los fans dejan de ser víctimas para convertirse en héroes de su propia historia.