El canon del Noveno Arte: Una mirada a la colección 'Cómics El País'
Hablar de "Cómics El País" no es referirse a una única historia con un inicio y un desenlace, sino a uno de los hitos editoriales más importantes en la divulgación de la narrativa gráfica en el mundo hispanohablante. Bajo este sello, el diario español *El País* lanzó, a principios de la década de los 2000, una ambiciosa biblioteca titulada "Lo mejor del cómic", que se convirtió en la puerta de entrada definitiva para miles de lectores al fascinante universo de las viñetas. Esta colección no fue solo un producto comercial; fue una declaración de principios que elevó el cómic a la categoría de literatura con mayúsculas.
La sinopsis de esta colección es, en esencia, la historia misma del siglo XX contada a través de sus mejores dibujantes y guionistas. El proyecto se estructuró como una antología exhaustiva que abarcaba desde el cómic de autor europeo hasta el *mainstream* norteamericano, pasando por la novela gráfica autobiográfica y el relato de aventuras clásico. Al abrir cualquiera de sus tomos de lomo rojo y tapa dura, el lector no solo encontraba una historieta, sino un fragmento de la cultura popular universal cuidadosamente seleccionado y restaurado.
El recorrido que propone "Cómics El País" es ecléctico y magistral. En sus páginas conviven la melancolía aventurera del *Corto Maltés* de Hugo Pratt con la deconstrucción del mito del superhéroe que Alan Moore planteó en *Watchmen*. La colección permite saltar de la línea clara y el espíritu detectivesco de *Tintín* a la cruda y necesaria memoria histórica de *Maus*, donde Art Spiegelman utiliza el lenguaje antropomórfico para narrar los horrores del Holocausto. Es un viaje que no conoce fronteras: nos lleva de la Inglaterra distópica de *V de Vendetta* a las llanuras del Oeste americano con *Teniente Blueberry*, y de la introspección personal en la Irán de la Revolución Islámica con *Persépolis* a la épica oscura de un Batman crepuscular en *El regreso del Caballero Oscuro*.
Lo que hace que esta colección sea un objeto de estudio para cualquier experto es su capacidad para sintetizar géneros. El lector encontrará el género negro más puro, el suspense, la sátira política, la ciencia ficción filosófica y el costumbrismo más delicado. Cada entrega funcionaba como un microcosmos independiente, pero unida al resto, formaba un mapa completo de cómo el dibujo y la palabra pueden combinarse para explorar la condición humana.
Sin entrar en detalles que arruinen la experiencia de lectura de cada obra individual, se puede afirmar que la selección de "Cómics El País" se centró en obras que cambiaron las reglas del juego. Son historias que rompieron moldes, que desafiaron la censura y que demostraron que el cómic podía tratar temas tan complejos como la identidad, el poder, el trauma y la libertad. La colección actuó como un comisario artístico, eligiendo aquellas piezas que, por su calidad gráfica y su profundidad narrativa, merecían un lugar en las estanterías junto a los grandes clásicos de la novela.
Además, la importancia de esta iniciativa radicó en su accesibilidad. Al distribuir estas obras maestras en los quioscos, se rompió la barrera del "gueto" de las tiendas especializadas, permitiendo que el gran público descubriera que el cómic no era solo "cosa de niños". La presentación, con prólogos informativos y una edición cuidada, ayudaba a contextualizar cada obra, explicando por qué ese título específico era fundamental para entender la evolución del medio.
En conclusión, "Cómics El País" es la crónica de una ambición: la de reunir en una sola estantería el ADN del Noveno Arte. Es una invitación a descubrir que, tras las máscaras, las capas o los trazos minimalistas, se esconden algunas de las mentes más brillantes de la narrativa contemporánea. Para el neófito, es la guía perfecta; para el coleccionista, un recordatorio de por qué se enamoró de este medio. Es, en definitiva, la historia de cómo las viñetas conquistaron el respeto que siempre merecieron.