La historia del cómic en España no se puede entender sin el papel fundamental de la Editorial Valenciana. Si bien la memoria colectiva suele evocar los cuadernillos de aventuras en formato apaisado, como el legendario *Guerrero del Antifaz*, existe un tesoro editorial que marcó la transición hacia una modernidad visual y pedagógica: la línea de Clásicos Ilustrados en formato vertical. Esta colección no solo representó un cambio estético, sino que se convirtió en el puente definitivo entre la literatura universal y el gran público juvenil de una España que despertaba a nuevas influencias gráficas.
Al hablar de los 'Clásicos Ilustrados' de Valenciana en su versión vertical, nos adentramos en una propuesta de una elegancia formal exquisita. A diferencia de los formatos populares de la posguerra, estas ediciones buscaban dignificar el "noveno arte" otorgándole una presencia similar a la de un libro convencional. El formato vertical permitía una composición de página mucho más rica y compleja; los artistas ya no estaban encorsetados por la horizontalidad del cuadernillo barato, sino que podían experimentar con la verticalidad de las viñetas, permitiendo planos generales más majestuosos y una narrativa visual que respiraba con mayor libertad.
El alma de esta colección reside en su ambición cultural. La premisa era clara: adaptar las obras inmortales de autores como Julio Verne, Alejandro Dumas, Walter Scott o Robert Louis Stevenson, pero dotándolas de una identidad gráfica puramente valenciana. No se trataba de simples traducciones de material extranjero, sino de recreaciones realizadas por los maestros de la casa. Artistas de la talla de José Grau, entre otros, pusieron su plumilla al servicio de estas adaptaciones, logrando un equilibrio perfecto entre el rigor histórico en el vestuario y la escenografía, y el dinamismo necesario para atrapar al lector joven.
Visualmente, el cómic destaca por un uso del color que, para la época, resultaba vibrante y evocador. Las portadas eran auténticos carteles de cine en miniatura, diseñadas para destacar en los quioscos y prometer una aventura épica antes de abrir la primera página. En el interior, el dibujo académico pero lleno de fuerza lograba que obras como *Miguel Strogoff* o *Los tres mosqueteros* cobraran una vida nueva. La narrativa era fluida, huyendo de los textos excesivamente farragosos de otras colecciones de la competencia, permitiendo que la imagen narrara la acción con una eficacia cinematográfica.
Lo que hace especial a esta edición "Vertical" es su capacidad para sintetizar tramas complejas sin perder la esencia del mensaje original. El lector se encontraba con una puerta de entrada a la alta literatura que no resultaba intimidante. Para muchos niños y jóvenes de las décadas de los 60 y 70, estos cómics no fueron solo entretenimiento, sino su primer contacto real con el canon literario occidental. Era una forma de democratizar la cultura a través de la viñeta, manteniendo siempre un estándar de calidad artística que hoy en día es objeto de estudio y coleccionismo.
Sin entrar en detalles de las tramas —que pertenecen ya al patrimonio de la humanidad—, la sinopsis general de esta colección es la exploración del espíritu humano: la lucha por la justicia, el asombro ante lo desconocido y el valor frente a la adversidad. Ya sea en las profundidades del océano o en las cortes de la Francia del siglo XVII, los 'Clásicos Ilustrados' de Valenciana capturaron la universalidad de estas historias con un sabor local inconfundible.
Hoy, redescubrir estos ejemplares es realizar un ejercicio de nostalgia, pero también de reconocimiento. Es apreciar el trabajo de una editorial que entendió que el cómic podía ser bello, educativo y emocionante al mismo tiempo. La serie vertical de Valenciana permanece como un testimonio de una era dorada de la ilustración española, donde cada viñeta era tratada con el respeto que merece una obra de arte y cada página era una invitación a soñar con otros mundos posibles. Es, en definitiva, una pieza imprescindible para comprender cómo el cómic español aprendió a mirar de frente a los grandes gigantes de la literatura.