Hablar de "Mundos subterráneos" es invocar la figura de uno de los titanes más inclasificables y revolucionarios del noveno arte: Richard Corben. Como experto en el medio, puedo afirmar que esta obra no es simplemente una recopilación de historias; es un manifiesto visual que redefine los límites de la fantasía oscura, el horror y la ciencia ficción desde una perspectiva profundamente visceral y artesanal. Publicada originalmente bajo el título *Subterranean Worlds*, esta obra condensa la esencia del autor que cambió para siempre la estética del cómic *underground* y europeo de finales de los años 70 y principios de los 80.
La sinopsis de esta obra nos sitúa en un umbral donde la realidad cotidiana se fractura para dar paso a lo atávico. "Mundos subterráneos" funciona como una antología de relatos que, aunque independientes en su superficie, comparten un tejido conectivo: la exploración de lo oculto bajo la piel de la tierra y de la psique humana. El lector es transportado a dimensiones donde las leyes de la física y la moralidad convencional se doblan ante la presencia de civilizaciones olvidadas, bestias primordiales y héroes de una musculatura hiperbólica que parecen esculpidos en piedra y carne.
El núcleo narrativo nos sumerge en parajes que evocan las fantasías más crudas de autores como Robert E. Howard o H.P. Lovecraft, pero pasadas por el filtro alucinógeno de la contracultura estadounidense. No se trata solo de cuevas físicas; los "mundos subterráneos" de Corben representan el subconsciente, un lugar donde los deseos más básicos —el miedo, la lujuria, la supervivencia y el asombro— cobran formas monstruosas y bellas a la vez. Desde guerreros que deben enfrentar maldiciones ancestrales en templos sepultados, hasta viajeros espaciales que descubren que el horror no viene de las estrellas, sino de las profundidades geológicas de planetas remotos, el cómic es un viaje sin retorno hacia lo desconocido.
Lo que verdaderamente eleva a esta obra es su apartado gráfico, un elemento inseparable de su narrativa. Corben utiliza su legendaria técnica de coloreado y aerógrafo para crear una sensación de tridimensionalidad que, incluso décadas después, sigue resultando impactante. Sus personajes poseen una volumetría casi táctil; la luz no solo ilumina las escenas, sino que parece emanar de la propia materia orgánica. En "Mundos subterráneos", las sombras no son vacíos negros, sino densas capas de misterio que ocultan detalles grotescos y fascinantes. Cada viñeta está cargada de una atmósfera opresiva y húmeda, logrando que el lector sienta el claustrofóbico peso de la tierra sobre su cabeza mientras recorre los pasadizos que el autor propone.
Sin caer en revelaciones que arruinen la experiencia, es crucial destacar que la obra no se detiene en la superficie del entretenimiento *pulp*. Hay una crítica implícita a la arrogancia humana y una fascinación por la decadencia. Los protagonistas de estas historias suelen encontrarse en situaciones donde su fuerza física es insuficiente ante la magnitud de los secretos que desentierran. Es un recordatorio constante de que, bajo la delgada capa de civilización que habitamos, existen fuerzas antiguas que no han sido domesticadas y que esperan pacientemente en la oscuridad.
Para el coleccionista y el estudioso del cómic, "Mundos subterráneos" representa el puente perfecto entre el *comix* independiente de San Francisco y la sofisticación de revistas como *Metal Hurlant* o *Heavy Metal*. Es una obra que desafía las convenciones del dibujo lineal tradicional, apostando por una estética de "realismo fantástico" que influyó a generaciones de artistas, desde ilustradores de fantasía hasta directores de cine.
En conclusión, adentrarse en este volumen es aceptar un desafío sensorial. Es una lectura que exige detenerse en cada página para absorber la textura de la roca, el brillo de la sangre y la mirada perdida de sus personajes. Richard Corben no solo nos cuenta historias sobre lo que hay debajo de nosotros; nos obliga a mirar hacia abajo y reconocer que, quizás, los mundos subterráneos más peligrosos y fascinantes son aquellos que llevamos dentro de nosotros mismos, esperando la oportunidad de salir a la luz a través de las grietas de nuestra imaginación. Una pieza imprescindible para entender por qué el