Hablar de la colección de Pinocho (01-31 + 1 Almanaque) es adentrarse en una de las páginas más brillantes, coloridas y fundamentales de la historia del tebeo español. Para cualquier experto en la narrativa gráfica, esta obra no es simplemente una adaptación del personaje de Carlo Collodi, sino una reinvención total firmada por el genio de Salvador Bartolozzi, quien bajo el sello de la mítica Editorial Calleja, logró transformar a un títere de madera en un icono cultural de la España de los años 20 y 30.
Esta serie, que abarca desde su primer número hasta el treinta y uno, sumando ese imprescindible "Almanaque" (una pieza de coleccionista que solía cerrar el año con contenidos especiales y de mayor extensión), representa la cumbre del estilo visual y narrativo de una época. Bartolozzi no se limitó a traducir las peripecias originales; dotó a Pinocho de una personalidad nueva, más cercana al espíritu de la picaresca pero con una inocencia renovada, y lo rodeó de un universo expandido donde la fantasía no tenía límites.
El Pinocho de Bartolozzi: Una identidad propia
En estos 31 números, el lector se encuentra con un Pinocho que ha trascendido su origen italiano para convertirse en un aventurero infatigable. Acompañado a menudo por su fiel e inseparable Chapete —un personaje creado por el propio Bartolozzi para servir de contrapunto cómico y emocional—, Pinocho recorre mundos que oscilan entre lo cotidiano y lo onírico.
La estructura de la serie es fascinante. Cada entrega de la colección funciona como una ventana a un viaje fantástico. A diferencia de las versiones más oscuras o moralizantes del siglo XIX, este Pinocho respira el aire de la vanguardia artística. Bartolozzi, influenciado por el *Art Déco* y las corrientes estéticas que sacudían Europa, dota a las viñetas de una limpieza de línea y una explosión de color que resultaban revolucionarias para su tiempo. Los escenarios son geométricos, elegantes y, a la vez, profundamente infantiles en el mejor sentido de la palabra: invitan a la exploración y al asombro.
La importancia del Almanaque
La inclusión del Almanaque en este conjunto es vital para entender el fenómeno editorial. En aquella época, los almanaques eran el regalo anual por excelencia para los lectores. En este ejemplar específico, se suele encontrar un despliegue artístico aún mayor, con historietas autoconclusivas, ilustraciones a toda página y relatos que expanden la mitología de Pinocho y sus amigos. Es el broche de oro que consolida la relación entre el autor y su público, mostrando un despliegue de medios técnicos (en cuanto a impresión y composición) que ponía a la Editorial Calleja a la vanguardia de Europa.
Narrativa y Estilo
A lo largo de los 31 números, la narrativa evoluciona. Lo que comienza como una serie de travesuras se convierte rápidamente en una epopeya de la imaginación. El guion de Bartolozzi es ágil, lleno de juegos de palabras y situaciones que, aunque dirigidas inicialmente a un público infantil, poseen una sofisticación visual que hoy maravilla a los estudiosos del arte.
No hay spoilers que valgan cuando el viaje es el destino: Pinocho se enfrenta a piratas, viaja a países donde las leyes de la física no se aplican y se encuentra con seres de leyenda, siempre manteniendo esa dualidad de ser un muñeco que aspira a entender el mundo de los humanos. La colección es un testimonio de cómo el cómic español empezó a entenderse como un lenguaje propio, capaz de mezclar la ilustración de alta calidad con una narrativa secuencial dinámica.
Conclusión para el coleccionista y el aficionado
Poseer o leer la secuencia del 01 al 31 junto a su Almanaque es asistir al nacimiento del "star-system" del tebeo en España. Es una obra que desprende una nostalgia luminosa, pero que sorprende por su modernidad. Salvador Bartolozzi no solo dibujaba; él diseñaba mundos. Su Pinocho es valiente, a veces imprudente, pero siempre movido por una curios