En el vasto panteón del noveno arte, existen traslaciones de la pantalla al papel que logran capturar la esencia de una época. El cómic de "Super Agente 86" (basado en la legendaria serie *Get Smart* creada por Mel Brooks y Buck Henry) es un testimonio vibrante de la "edad de plata" de las viñetas y una pieza imprescindible para los amantes de la sátira de espionaje. Publicado originalmente en la década de los 60 por editoriales como Dell Comics, este título no es solo un subproducto promocional, sino una extensión lógica del humor absurdo y la crítica social que definieron a una generación.
La premisa nos sumerge de lleno en el apogeo de la Guerra Fría, pero vista a través de un espejo deformante. La narrativa sigue las desventuras de Maxwell Smart, el Agente 86, un operativo de la agencia gubernamental secreta CONTROL, con sede en Washington D.C. A pesar de su inquebrantable patriotismo, su valentía a prueba de balas y su estricto apego al manual del espía, Smart posee una característica que lo hace único: una torpeza monumental que, irónicamente, suele ser la clave de su éxito.
El cómic articula perfectamente el conflicto eterno entre CONTROL y KAOS, una organización internacional del mal cuyo único objetivo es sembrar el desorden mundial. En cada número, Smart debe enfrentarse a planes descabellados que van desde el robo de armas experimentales hasta complots de chantaje global. Sin embargo, Maxwell no está solo en esta cruzada. A su lado encontramos a la Agente 99, su contraparte femenina que, a diferencia de Max, destaca por su agudeza, intuición y profesionalismo. La dinámica entre ambos es el corazón de la obra: ella es el cerebro y la competencia que mantiene a flote las misiones, mientras que él es el catalizador del caos que, por puro azar o perseverancia ciega, termina desmantelando los planes del enemigo.
Uno de los mayores atractivos de esta versión en cómic es cómo traslada el humor visual y los "gags" recurrentes de la televisión al lenguaje de la secuencia de viñetas. Los lectores se deleitan con el uso de los gadgets más inverosímiles y absurdos de la historia del espionaje. Desde el icónico "zapatófono" (el zapato que funciona como teléfono) hasta el siempre defectuoso "Cono del Silencio", un dispositivo destinado a garantizar la privacidad de las conversaciones que invariablemente termina provocando malentendidos hilarantes debido a su mal funcionamiento acústico.
El estilo artístico de estas páginas evoca la estética pop de los años 60, con líneas claras y una narrativa visual dinámica que no escatima en detalles sobre las guaridas secretas de KAOS o las oficinas burocráticas de CONTROL, dirigidas por el sufrido y eternamente paciente "Jefe". El Jefe representa la voz de la razón en un mundo que ha perdido el sentido común, y sus interacciones con Smart son un despliegue de comedia de situación de alto nivel.
Lo que hace que el cómic de "Super Agente 86" sea una lectura fascinante hoy en día es su capacidad para parodiar los tropos del género de espías, personificados en figuras como James Bond. Mientras que 007 es la elegancia y la infalibilidad, el Agente 86 es el hombre común atrapado en situaciones extraordinarias que lo superan, pero que enfrenta con una dignidad cómica inquebrantable. Es una celebración de la resiliencia del inepto.
Sin revelar spoilers sobre sus misiones específicas, se puede decir que cada historieta es un rompecabezas de enredos donde el peligro es real, pero la solución siempre es inesperada. El cómic logra mantener al lector en un estado de anticipación, esperando ver cómo Maxwell Smart logrará salir de un aprieto mortal mediante un error de cálculo que termina favoreciéndolo.
En conclusión, "Super Agente 86" en su formato de cómic es una cápsula del tiempo que destila ingenio, sátira política sutil y una diversión desenfrenada. Es una obra que demuestra que, a veces, para salvar al mundo no se necesita ser el más inteligente, sino simplemente ser el último hombre en pie después de que todo haya explotado por accidente. Una lectura obligatoria para quienes buscan una sonrisa entre misiones de alto secreto y villanos con planes tan grandilocuentes como ridículos.