En el vasto panteón de la historieta española, pocos personajes han logrado alcanzar la estatura icónica y el magnetismo visual de Pumby, el gato negro de nariz roja y guantes blancos creado por el maestro José Sanchis Grau. La etapa comprendida en los números 01 al 16 de "Súper Pumby" representa no solo la consolidación de un estilo, sino el cénit de la imaginación desbordante que Editorial Valenciana exportó al mundo durante la edad de oro del tebeo.
Hablar de esta colección es adentrarse en un universo donde la lógica convencional se rinde ante el surrealismo más amable y fascinante. Pumby no es un héroe al uso; es un explorador de lo cotidiano y lo fantástico por igual. Residente de la idílica Villa Rabitos, este felino encarna el optimismo y la curiosidad. Acompañado por su inseparable Blanquita y una cohorte de personajes secundarios que van desde científicos despistados hasta animales antropomorfos con personalidades arrolladoras, Pumby se enfrenta en estos primeros dieciséis números a desafíos que desafían las leyes de la física y la narrativa tradicional.
Lo que diferencia a la serie "Súper" de sus apariciones previas es la ambición de sus planteamientos. En este bloque inicial, el lector se encuentra con historias de mayor recorrido, donde Sanchis se permite expandir su dibujo y explorar escenarios que parecen extraídos de un sueño febril pero coherente. Desde viajes a reinos ocultos bajo la tierra hasta incursiones en el espacio exterior o dimensiones donde los objetos cobran vida, el guion nunca se estanca. Cada número es un despliegue de inventiva que evita los clichés de la época; aquí no hay una violencia gratuita, sino una resolución de conflictos basada en el ingenio, la bondad y, a menudo, la pura casualidad poética.
Desde el punto de vista artístico, el trabajo de José Sanchis en estos números es una lección magistral de lo que hoy conocemos como la "línea clara" valenciana. Su trazo es dinámico, elástico y extremadamente expresivo. La capacidad del autor para dotar de alma a los fondos es asombrosa: las casas de Villa Rabitos tienen personalidad propia, los árboles parecen observar la acción y cada rincón de la viñeta está imbuido de una calidez que invita a quedarse a vivir en ella. El diseño de personajes en este periodo (01-16) muestra una madurez técnica envidiable, logrando que el movimiento fluya entre viñetas con una naturalidad cinematográfica.
La atmósfera de estos cómics es, quizás, su mayor tesoro. Existe una sensación de "maravilla constante". Al abrir cualquiera de estos dieciséis ejemplares, el lector se desconecta de la realidad gris para entrar en un mundo de colores vibrantes y situaciones imposibles. Es un surrealismo infantil, pero no simplista; hay una sofisticación visual en la composición de las páginas que incluso hoy, décadas después, sigue asombrando a los estudiosos del medio. Sanchis no solo dibujaba para niños; construía mitologías modernas basadas en la alegría y el descubrimiento.
Para el coleccionista o el nuevo entusiasta, este arco inicial de "Súper Pumby" funciona como la puerta de entrada perfecta a un estilo de entender el cómic que se ha perdido: aquel que no necesitaba de grandes tragedias ni de villanos oscuros para mantener al lector en vilo. La tensión narrativa surge de la curiosidad: ¿qué habrá tras esa puerta?, ¿cómo funcionará ese invento estrambótico?, ¿qué nueva criatura conocerá Pumby en el siguiente recuadro?
En resumen, la etapa de Súper Pumby 01-16 es un monumento a la creatividad sin límites. Es el testimonio de una época en la que el tebeo español era capaz de crear mundos enteros con apenas unos trazos de tinta y una paleta de colores primaria pero efectiva. Es, en definitiva, una obra imprescindible para comprender por qué Pumby fue nombrado el "Rey de la Historieta" y por qué, a pesar del paso del tiempo, su figura sigue brillando con la misma intensidad que el primer día. Una lectura que es, al mismo tiempo, un ejercicio de nostalgia y un descubrimiento de vanguardia artística.