Hablar de "Magos de la Risa" es emprender un viaje nostálgico hacia la verdadera Época de Oro del cómic en México y Latinoamérica. Como experto en el noveno arte, puedo afirmar que esta publicación no es solo una serie de historietas, sino un pilar fundamental de la cultura popular del siglo XX, una antología que sirvió de puente entre el ingenio de los sindicatos de prensa estadounidenses y el ávido público hispanohablante.
Publicada principalmente por la legendaria Editorial Novaro (aunque sus raíces se extienden a otras casas editoriales previas como Publicaciones Herrerías), *Magos de la Risa* se consolidó como la revista de humor por excelencia. Su formato era sencillo pero efectivo: reunir en un solo ejemplar a las estrellas más rutilantes de las tiras cómicas dominicales (*Sunday strips*), permitiendo que personajes que normalmente se leían en blanco y negro en los periódicos cobraran vida en páginas a todo color y en un formato manejable de cuaderno.
La sinopsis de esta obra es, en realidad, la sinopsis de la comedia humana vista a través del lente de la caricatura. Al abrir un ejemplar de *Magos de la Risa*, el lector se sumerge en un universo fragmentado pero armónico donde la risa es el único lenguaje común. No hay una sola trama lineal, sino un caleidoscopio de situaciones que van desde el *slapstick* más puro hasta la sátira social sutil.
Entre sus páginas, el protagonismo es compartido. Encontramos al eterno y musculoso Popeye el Marino, cuyas aventuras no solo giraban en torno a la fuerza física bruta tras ingerir espinacas, sino a un código de ética inquebrantable y a su eterno romance con la larguirucha Olivia. Popeye aportaba la dosis de acción y aventura náutica, enfrentándose a Brutus o navegando por mares imposibles, siempre con ese humor rudo pero noble.
Junto a él, la revista presentaba a Benitín y Eneas (*Mutt and Jeff*), una de las parejas cómicas más antiguas y queridas de la historia del cómic. Su dinámica de "el alto y el bajo" servía para explorar las vicisitudes del hombre común, las apuestas fallidas y los esquemas para hacerse ricos rápidamente que siempre terminaban en desastre. Su presencia en *Magos de la Risa* garantizaba un humor más dialéctico y situacional.
Otro pilar fundamental era Carlitos (*Henry*), el niño calvo y mudo cuyas peripecias visuales son una lección magistral de narrativa gráfica. Sin necesidad de un solo globo de texto, las páginas de Carlitos en esta antología demostraban que la comedia visual no conoce fronteras. Su ingenio para resolver problemas cotidianos con una lógica infantil aplastante sigue siendo, hasta hoy, una delicia para los estudiosos del medio.
No podemos olvidar a personajes como Yuyuba (*Little Iodine*), la niña traviesa que era el terror de sus padres, o El Reyecito (*The Little King*), que con su humor surrealista y silencioso humanizaba la monarquía de una forma encantadora. Cada número de la revista era una curaduría experta que equilibraba el humor familiar con la picardía ligera.
Lo que hacía a *Magos de la Risa* una publicación excepcional era su capacidad de adaptación. Editorial Novaro realizó un trabajo de traducción y rotulación que, aunque respetaba la esencia original, lograba que el lector mexicano, argentino o colombiano sintiera a estos personajes como propios. Los nombres fueron localizados con maestría, creando una identidad regional que persiste en la memoria colectiva.
Desde el punto de vista artístico, la revista es un catálogo de estilos. Desde el trazo detallado y dinámico de Segar o Bud Sagendorf en Popeye, hasta las líneas limpias y minimalistas de Carl Anderson en Henry. Leer *Magos de la Risa* es asistir a una clase magistral de cómo la línea y el color pueden evocar emociones inmediatas. El uso del color en Novaro, con sus paletas a veces saturadas y sus registros mecánicos, le otorga hoy en día una pátina de arte pop que los coleccionistas valoran enormemente.
En conclusión, *Magos de la Risa* no es solo una recopilación de chistes; es un registro histórico de la evolución del humor gráfico. Es la obra que enseñó a leer a varias generaciones y que demostró que el cómic de humor tiene la misma profundidad y relevancia que cualquier drama épico. Para el lector contemporáneo, acercarse a estos ejemplares es descubrir las raíces de la narrativa visual moderna, envueltas en un aura de inocencia, ingenio y, sobre todo, una alegría inagotable. Es, sin duda, un tesoro indispensable para entender por qué amamos las viñetas.