Félix Rodríguez de la Fuente en los tebeos: El rastro del lobo en el noveno arte
Para entender la magnitud de una obra como *Félix Rodríguez de la Fuente en los tebeos*, es necesario desprenderse de la visión contemporánea del ecologismo y viajar a una España en blanco y negro que empezaba a descubrir el color a través de la mirada de un hombre extraordinario. Félix no solo fue un naturalista, un comunicador o un visionario; fue, ante todo, un mito iconográfico. Y como todo mito de la segunda mitad del siglo XX, su paso por las viñetas no fue una mera anécdota, sino una extensión fundamental de su apostolado por la naturaleza.
Esta obra, que actúa tanto de crónica histórica como de catálogo sentimental, nos sumerge en el fascinante cruce de caminos entre la divulgación científica y la narrativa secuencial. No estamos ante un simple cómic biográfico al uso, sino ante un exhaustivo recorrido por la presencia del "amigo de los animales" en el papel impreso, rescatando del olvido aquellas páginas que educaron a toda una generación de lectores cuando el televisor aún era un lujo compartido o un mueble de presencia intermitente.
La sinopsis de este viaje nos sitúa en la edad de oro del tebeo español. La obra analiza cómo la figura de Félix fue transmutada en héroe de papel, adaptando sus aventuras y sus documentales más icónicos, como *El Hombre y la Tierra* o *Planeta Azul*, al lenguaje del bocadillo y la línea cinética. A través de sus páginas, el lector descubre cómo los mejores dibujantes de la época —artistas de la talla de Chiqui de la Fuente, entre otros— asumieron el reto de capturar la intensidad de la mirada de Félix y la majestuosidad del vuelo del halcón con la plumilla y la tinta china.
El corazón de este volumen late en la intersección entre la pedagogía y el entretenimiento. En los tebeos de Félix, la aventura no residía en derrotar a un supervillano, sino en la observación silenciosa del lince ibérico o en la comprensión del complejo orden social de una manada de lobos en la Sierra de la Culebra. El guion de estas obras, fielmente rescatado y analizado en este estudio, mantenía ese tono épico y casi lírico que caracterizaba las alocuciones radiofónicas y televisivas del naturalista burgalés. Era una narrativa de "acción real" donde el suspense se encontraba en si el águila real lograría capturar su presa o si el ciclo de la vida continuaría su curso tras un incendio forestal.
Uno de los puntos más fascinantes que explora esta obra es la capacidad de los tebeos para expandir el universo de Rodríguez de la Fuente más allá de las limitaciones técnicas de las cámaras de la época. En el papel, la naturaleza no tenía límites; los colores eran más vibrantes y las secuencias de caza alcanzaban una plasticidad que el celuloide a veces no podía registrar con tanta nitidez. El cómic permitió que Félix estuviera presente en los hogares cada semana, convirtiéndose en un mentor de papel que enseñaba a los niños a respetar el medio ambiente mucho antes de que el concepto de "sostenibilidad" formara parte del vocabulario común.
Sin caer en el *spoiler* de los detalles biográficos que todos conocemos, el libro profundiza en cómo la trágica desaparición de Félix en Alaska también marcó un antes y un después en la producción de estas historietas. El tebeo se convirtió entonces en un refugio para el duelo colectivo y en una herramienta para mantener vivo su legado. Las viñetas pasaron de ser crónicas de actualidad a ser monumentos a la memoria, asegurando que el mensaje de "la conciencia de la Tierra" no se perdiera con el silencio de su voz.
*Félix Rodríguez de la Fuente en los tebeos* es, en definitiva, una pieza de arqueología cultural