En el vasto y a menudo turbulento panorama del cómic europeo contemporáneo, pocas obras logran equilibrar con tanta maestría el rigor histórico, la crudeza política y la belleza visual como lo hace 'Isabel: La Loba de Francia'. Enmarcada dentro de la ambiciosa colección *Las Reinas de Sangre* (publicada originalmente por Delcourt y traída al español con gran acierto por editoriales como Yermo), esta obra se alza no solo como un relato biográfico, sino como un drama shakesperiano de proporciones épicas donde el poder es el único lenguaje que se habla con fluidez.
Escrita por el guionista Thierry Gloris y magistralmente ilustrada por el artista español Jaime Calderón, 'Isabel' nos transporta a una de las épocas más convulsas de la Edad Media: el siglo XIV. La historia comienza con una alianza matrimonial que, sobre el papel, debería haber sellado la paz entre dos potencias eternamente enfrentadas. Isabel, hija del implacable rey Felipe IV de Francia (apodado "el Hermoso"), es enviada a Inglaterra para contraer nupcias con el joven Eduardo II. Sin embargo, lo que para la joven princesa comienza como un deber sagrado y una esperanza de amor romántico, pronto se convierte en un descenso a los infiernos de la humillación y el aislamiento.
La sinopsis nos sitúa en una corte inglesa hostil, donde Isabel descubre con horror que su esposo no solo carece del temple de su padre, el temido Eduardo "Longshanks", sino que sus afectos y su voluntad política están completamente entregados a sus favoritos, especialmente al ambicioso Piers Gaveston. En este escenario, Isabel no es más que un peón decorativo, una extranjera en una tierra que la desprecia y una esposa ignorada en su propio lecho. Pero lo que sus enemigos olvidan es que por las venas de Isabel corre la sangre de los Capeto, una estirpe que no conoce la rendición.
A lo largo de las páginas, asistimos a la fascinante metamorfosis de la protagonista. La narrativa de Gloris no se conforma con retratar a una víctima de las circunstancias; en su lugar, nos muestra la forja de una líder. Observamos cómo la ingenuidad de la joven princesa se va erosionando bajo el peso de las traiciones, dejando al descubierto una inteligencia política afilada y una voluntad de hierro. Isabel aprende a navegar las peligrosas aguas de la diplomacia, a identificar aliados entre la nobleza descontenta y a esperar el momento exacto para reclamar lo que considera suyo por derecho. El cómic explora con una profundidad inusual la psicología de una mujer atrapada en un mundo de hombres, obligada a ser más astuta, más fría y más implacable que cualquiera de sus adversarios para sobrevivir.
El apartado gráfico merece una mención aparte. Jaime Calderón realiza un trabajo que raya en la perfección. Su estilo detallista y realista logra una inmersión total en la atmósfera medieval. Desde la fastuosidad de las cortes francesas hasta la sobriedad gótica de los castillos ingleses, cada viñeta está cargada de texturas y matices. El diseño de personajes es soberbio, logrando transmitir a través de la expresión facial toda la carga emocional de la trama: el desprecio en la mirada de Eduardo, la arrogancia de los favoritos y, sobre todo, la evolución en el rostro de Isabel, que pasa de la vulnerabilidad inicial a una mirada gélida y decidida que justifica con creces el apodo que la historia le otorgó: la Loba de Francia.
Además, el uso del color y la composición de las páginas refuerzan el tono dramático de la obra. Las escenas de intriga en pasillos oscuros contrastan con la amplitud de los paisajes y la violencia cruda de los enfrentamientos, recordándonos que en esta historia el peligro acecha tanto en un campo de batalla como detrás de una cortina de terciopelo.
En conclusión, 'Isabel' es una obra imprescindible para cualquier amante del noveno arte que busque una historia madura, compleja y visualmente deslumbrante. No es solo un cómic sobre la realeza; es un estudio sobre la resiliencia humana, la corrupción del poder y el alto precio que se debe pagar por la libertad y la justicia en un mundo que intenta negártelas. Sin necesidad de recurrir a la fantasía, Gloris y Calderón construyen un relato que atrapa desde la primera página, demostrando que la historia real, cuando se cuenta con este nivel de talento y pasión, puede ser más impactante que cualquier ficción. Isabel no solo busca su lugar en el trono, busca su lugar en la historia, y este cómic le otorga el monumento que su compleja figura merece.