Años de oro

«Años de oro» (L’Âge d’or): Una epopeya política y visual sobre la esperanza y el poder

Cuando nos adentramos en las páginas de *Años de oro*, la obra maestra creada por el guionista y dibujante Cyril Pedrosa junto a la guionista Roxanne Moreil, no solo estamos abriendo un cómic, sino que estamos desplegando un tapiz medieval que respira, late y sangra. Publicada originalmente en dos volúmenes, esta obra se ha consolidado rápidamente como uno de los pilares de la *bande dessinée* contemporánea, logrando algo que pocos títulos consiguen: ser, simultáneamente, una aventura épica de corte clásico y un tratado sociopolítico profundamente moderno.

La historia nos sitúa en un reino sumido en la incertidumbre tras la muerte del viejo rey Ronan. Su hija, la princesa Tilda, se prepara para ascender al trono con la intención de aliviar las penurias de un pueblo asfixiado por el hambre y la opresión señorial. Tilda no es una gobernante común; posee una sensibilidad especial hacia las injusticias que asolan su tierra. Sin embargo, antes de que la corona repose sobre su cabeza, una traición palaciega orquestada por su propio hermano menor y su madre la despoja de su derecho de nacimiento. Condenada al exilio y perseguida por aquellos que juraron protegerla, Tilda se ve obligada a huir a través de un reino que se desmorona.

En su huida, Tilda no está sola. La acompañan dos figuras fundamentales que representan diferentes facetas de la lealtad y la sabiduría: Tankred, un caballero valiente pero cansado de la guerra, y Bertil, un joven idealista. Juntos, emprenden un viaje que va más allá de la simple supervivencia o la reconquista de un trono. En el horizonte de su travesía resuena una leyenda olvidada: la existencia de un libro perdido, el «Años de oro», un objeto místico que, según los rumores, tiene el poder de cambiar el orden del mundo y devolver a la humanidad a una era de igualdad absoluta, donde las fronteras y la propiedad privada no existían.

Lo que hace que *Años de oro* sea una obra excepcional es su capacidad para subvertir los tropos de la fantasía medieval. No estamos ante una historia de "buenos contra malos" en el sentido tradicional. Pedrosa y Moreil utilizan el escenario del medievo para explorar cuestiones universales: ¿Es posible alcanzar una utopía sin recurrir a la violencia? ¿Puede el poder corromper incluso las intenciones más nobles? La obra disecciona la lucha de clases, el papel de la mujer en las estructuras de mando y la fuerza de los mitos como motores de revolución social.

Visualmente, el cómic es un prodigio técnico que deja sin aliento. Cyril Pedrosa, cuya formación en los estudios Disney se percibe en la fluidez de sus personajes, rompe aquí con todas las convenciones narrativas del medio. Inspirándose en los manuscritos iluminados, los tapices de la Edad Media y la pintura de Brueghel el Viejo, Pedrosa utiliza una técnica de "narrativa continua". En una misma página, podemos ver a un personaje repetido varias veces mientras atraviesa un paisaje, permitiendo que el lector perciba el paso del tiempo y el movimiento dentro de una sola composición estática y majestuosa.

El uso del color es otro de los protagonistas indiscutibles. La paleta de colores es vibrante, casi psicodélica, alejándose del realismo sucio y grisáceo que suele asociarse al medievo en la ficción actual. Los bosques son de un rosa eléctrico, los cielos de un azul profundo y las escenas nocturnas brillan con una luz dorada que justifica el título de la obra. Cada viñeta es una pieza de arte que invita a la contemplación, transformando la lectura en una experiencia inmersiva donde el entorno físico del reino es tan expresivo como los diálogos de los protagonistas.

A medida que Tilda avanza en su búsqueda, la trama se expande para mostrar las voces de los oprimidos: los campesinos que sueñan con la libertad y las comunidades que intentan vivir al margen de la tiranía feudal. La tensión entre el destino individual de la princesa y el destino colectivo del pueblo crea un arco dramático de una riqueza extraordinaria.

En conclusión, *Años de oro* es una obra imprescindible para cualquier amante del noveno arte. Es una reflexión lúcida sobre la esperanza en tiempos de oscuridad y una demostración de que el cómic europeo sigue siendo el lugar idóneo para la experimentación visual y la profundidad temática. Es, en esencia, la historia de una humanidad que, a pesar

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