Can Can (Segunda Época): El Reflejo de una España en Transformación
Para entender el impacto y la naturaleza de *Can Can (Segunda Época)*, es necesario situarse en el epicentro de un terremoto cultural. Publicada por la mítica Editorial Bruguera a partir de 1978, esta cabecera no fue simplemente una revista de historietas más, sino un audaz experimento editorial que intentó amalgamar el ADN del humor clásico español con los nuevos vientos de libertad —y libertinaje— que traía la Transición.
La primera encarnación de *Can Can*, nacida a finales de los años 50, había sido una revista elegante, sofisticada y ligeramente pícara, pero siempre bajo el férreo yugo de la censura franquista. Sin embargo, esta "Segunda Época" (abreviada a menudo como 2ep) surge en un contexto radicalmente distinto: el fenómeno del "Destape". La España de finales de los 70 despertaba a una erótica largamente reprimida, y Bruguera, la gigante del cómic infantil y juvenil, decidió que era hora de ofrecer un producto para ese lector que había crecido con *Pulgarcito* o *Tío Vivo*, pero que ahora demandaba contenidos adultos, sátira política y, sobre todo, una visión desinhibida de la sexualidad.
El Contenido: Sátira, Picaresca y Erotismo
*Can Can (Segunda Época)* se define por su heterogeneidad. No es un cómic con una sola línea argumental, sino un magacín de variedades donde la historieta convive con textos satíricos, fotografías de modelos de la época y secciones de opinión. El tono es marcadamente irreverente. Si bien el erotismo es el gancho comercial evidente —con portadas que hoy son iconos de una estética kitsch y provocadora—, el verdadero corazón de la revista reside en su capacidad para radiografiar la sociedad española del momento.
Las páginas de esta segunda etapa son un desfile de situaciones cotidianas pasadas por el filtro de la exageración y el absurdo. Se exploran temas que antes eran tabú: el adulterio, las crisis matrimoniales, la liberación femenina (vista a menudo desde una óptica masculina todavía perpleja), la burocracia asfixiante y la hipocresía de las clases acomodadas. Todo ello se presenta con esa "mala leche" característica de la escuela Bruguera, pero potenciada por la ausencia de barreras morales previas.
Los Maestros del Trazo Adulto
Lo que eleva a *Can Can 2ep* por encima de otras publicaciones de consumo rápido es la nómina de autores que participaron en ella. Aquí encontramos a los grandes genios de la casa en una faceta mucho más libre. Destaca, por encima de todos, la figura de Manuel Vázquez. El creador de *Anacleto* encuentra en esta revista el ecosistema perfecto para su humor anárquico y autobiográfico. Sus páginas en *Can Can* son una oda a la picaresca, donde el autor se parodia a sí mismo y a sus constantes deudas, mujeres y huidas, con un dibujo suelto, dinámico y profundamente moderno.
Junto a Vázquez, encontramos a otros veteranos como Conti o Figueras, quienes adaptan su estilo a un formato más adulto. El dibujo se vuelve más detallado en lo anatómico, pero mantiene esa expresividad caricaturesca que permite que la sátira no resulte ofensiva, sino hilarante. La revista también sirvió de puente para autores que buscaban experimentar con estéticas más cercanas al cómic europeo de vanguardia o al *underground*, alejándose de la rigidez de las cuadrículas tradicionales de los años 60.
Un Documento Sociológico
Leer *Can Can (Segunda Época)* hoy en día es realizar un ejercicio de arqueología cultural. Sin necesidad de recurrir a spoilers sobre tramas específicas —ya que la mayoría de sus contenidos son autoconclusivos o basados en situaciones recurrentes—, se puede afirmar que la obra funciona como un espejo de las ansiedades y deseos de una generación. Es la crónica