En el vasto panteón de la historieta española, pocos personajes logran destilar una elegancia tan socarrona y un ingenio tan afilado como Sir Tim Otheo. Creado por el magistral Joan Rafart i Roldán, más conocido como Raf, este cómic no es solo una parodia del género detectivesco, sino una de las cumbres artísticas de la mítica Editorial Bruguera. Publicado por primera vez en 1970 en la revista *Mortadelo*, Sir Tim Otheo se desmarca del humor puramente físico y de "porrazo" que caracterizaba a muchos de sus contemporáneos para ofrecer una sátira costumbrista, británica en su superficie pero universal en su brillantez.
La premisa nos traslada a la campiña inglesa, concretamente a la idílica y ficticia localidad de Bellotha Village. Allí reside Sir Tim, un aristócrata británico de avanzada edad, figura espigada, monóculo imperturbable y una flema que rozaría la apatía si no fuera por su desbordante curiosidad intelectual. Sir Tim es el arquetipo del detective aficionado, un heredero espiritual de Sherlock Holmes que, sin embargo, prefiere resolver los entuertos desde la comodidad de su sillón o mientras disfruta de un té —o algo más fuerte— en su club.
Pero ningún gran detective está completo sin su contrapartida, y aquí entra en escena Patson, su fiel e inseparable mayordomo. Patson es, en muchos sentidos, el motor real de las aventuras. Mientras Sir Tim aporta la deducción genial y la visión periférica de los hechos, Patson aporta la logística, la fuerza cuando es necesaria y, sobre todo, una paciencia infinita. La dinámica entre ambos es el corazón del cómic: una relación de lealtad inquebrantable donde la jerarquía de clase se difumina ante la camaradería y la mutua dependencia. Patson no es solo un asistente; es el guardián de la dignidad de su señor, a menudo encargándose de los detalles mundanos que Sir Tim, en su elevación intelectual, prefiere ignorar.
El escenario de Bellotha Village funciona como un microcosmos perfecto. A pesar de su apariencia tranquila, el pueblo es un imán para el crimen, desde robos de joyas imposibles hasta misterios que parecen rozar lo sobrenatural. En este entorno destaca el contrapunto cómico de la autoridad oficial: el Sargento Blops. Representando la incompetencia bienintencionada, Blops es el jefe de la policía local, un hombre obsesionado con el reglamento pero carente de cualquier chispa de intuición. Sus constantes fracasos lo llevan a recurrir, a regañadientes, a la ayuda de Sir Tim, creando una tensión cómica deliciosa donde la policía oficial queda siempre un paso por detrás del diletante aristócrata. No podemos olvidar al agente Pitagorín, el subordinado de Blops, cuya eficiencia suele ser ignorada por su superior.
Lo que eleva a *Sir Tim Otheo* por encima de la media es el dibujo de Raf. Su trazo es de una limpieza y expresividad asombrosas. Raf logró capturar la atmósfera de la Inglaterra victoriana y eduardiana con una sensibilidad única, poblando las viñetas de detalles que van desde la arquitectura de las casas de campo hasta la calidez del pub local, "The Black Dog" (El Perro Negro), donde los personajes suelen reunirse. El estilo visual es dinámico, con un uso del color que, aunque limitado por las técnicas de impresión de la época, lograba transmitir una atmósfera acogedora y sofisticada.
La narrativa de las historias suele seguir una estructura clásica de *whodunit* (¿quién lo hizo?), pero filtrada por un tamiz de ironía. Sir Tim no busca la justicia por un sentido del deber moral pesado, sino casi como un ejercicio estético o un pasatiempo para combatir el aburrimiento. Esta ligereza es lo que otorga al cómic su frescura eterna. A diferencia de otros personajes de Bruguera que vivían en la miseria o el caos, Sir Tim y Patson habitan un mundo de orden que solo se ve perturbado brevemente por el crimen, permitiendo al lector disfrutar de una aventura amable pero inteligentemente escrita.
En resumen, *Sir Tim Otheo* es una obra imprescindible para entender la evolución del cómic europeo. Es una lección de cómo la parodia puede ser, al mismo tiempo, un homenaje respetuoso. A través de sus páginas, Raf no solo nos regaló misterios ingeniosos, sino un refugio de ingenio, té y buena educación en medio del caos del mundo. Es, sin duda, la joya de la corona del humor gráfico español, una lectura que sigue resultando tan elegante y divertida hoy como el día en que su protagonista se ajustó el monóculo por primera vez.