Gaceta Junior

Gaceta Junior: El eslabón perdido de la modernidad en el tebeo español

Para entender la relevancia de *Gaceta Junior*, es necesario situarse en la España de finales de los años 60. En un panorama dominado por el humor slapstick de la Escuela Bruguera y los tebeos de aventuras de corte clásico, esta publicación surgió no solo como una revista de historietas, sino como un manifiesto de renovación estética y narrativa. Como experto en el noveno arte, puedo afirmar que *Gaceta Junior* (publicada entre 1968 y 1970) representa el puente definitivo entre el tebeo infantil de posguerra y el cómic adulto que eclosionaría en la década de los 70.

El contexto de una revolución silenciosa

Bajo el sello de Editora Juvenil y, posteriormente, de Grijalbo, *Gaceta Junior* nació con la ambición de homologar el mercado español a las corrientes europeas, especialmente a la vanguardia franco-belga representada por revistas como *Pilote* o *Tintin*. Su propuesta era arriesgada: ofrecer un contenido que respetara la inteligencia del lector joven, tratándolo como un individuo con inquietudes culturales, sociales y artísticas.

La revista se alejó de los formatos precarios de papel barato y tintas descuidadas para presentar un diseño gráfico limpio, una impresión de mayor calidad y una maquetación que permitía que el arte de sus colaboradores respirara. Fue, en esencia, el laboratorio donde se gestó la modernidad del cómic español.

Un crisol de talentos legendarios

Lo que hace que *Gaceta Junior* sea un objeto de culto para cualquier estudioso del cómic es la nómina de autores que desfilaron por sus páginas. No exagero al decir que en sus números se dio cita la "generación de oro" que cambiaría el rumbo del medio en España.

Uno de los pilares fundamentales de la revista fue la ciencia ficción, y aquí es donde brilla con luz propia *Dani Futuro*. Con guiones de Víctor Mora (el creador de *El Capitán Trueno*) y el dibujo de un joven Carlos Giménez, esta serie rompió moldes. Giménez, que más tarde se convertiría en el cronista social por excelencia con *Paracuellos*, demostró aquí una capacidad prodigiosa para el diseño futurista y el dinamismo narrativo, alejándose del estatismo del tebeo de aventuras tradicional.

Pero si hubo una obra que definió el espíritu rupturista de la publicación, esa fue *Lavinia 2016* de Enric Sió. En esta serie, Sió introdujo una estética pop, psicodélica y profundamente intelectualizada. Utilizando técnicas de montaje fotográfico y un dibujo sofisticado, *Lavinia 2016* no solo era una delicia visual, sino que contenía una carga de sátira política y social que desafiaba sutilmente los límites de la censura de la época. Era cómic de vanguardia en estado puro.

Diversidad de géneros y estilos

*Gaceta Junior* no se limitó a un solo género. En sus páginas convivían las adaptaciones literarias de gran calado, como el *Don Quijote* ilustrado por un inspiradísimo Jan (antes de alcanzar la fama masiva con *Superlópez*), con series de humor que buscaban una sonrisa más cínica o absurda que la de sus competidores.

La revista también fue el hogar de *El Sheriff King*, de Víctor Mora y Francisco Díaz, un western que, aunque más clásico en su planteamiento, gozaba de un acabado técnico superior a la media. Asimismo, la publicación servía de escaparate para autores internacionales, ayudando a educar el gusto del lector español en las tendencias que triunfaban en el resto del continente.

Un legado de sofisticación

La sinopsis de *Gaceta Junior* no es la de una historia lineal, sino la de una experiencia colectiva. Es la crónica de un grupo de artistas que decidieron que el cómic podía ser arte con mayúsculas. Leer hoy sus páginas es asistir al nacimiento de un lenguaje visual más cinematográfico, más arriesgado y, sobre todo, más libre.

A pesar de su vida relativamente corta (apenas 82 números en su etapa principal), su influencia fue sísmica. Sin el espacio de experimentación que proporcionó esta revista, difícilmente habríamos tenido el "boom del cómic adulto" de los años 80. *Gaceta Junior* enseñó a los autores que podían ser dueños de su estilo y a los lectores que el tebeo no era algo que se abandonaba al llegar a la adolescencia.

En conclusión, *Gaceta Junior* es una pieza fundamental de la arqueología cultural española. No es solo una colección de historietas; es el testimonio de un momento en que el dibujo se volvió rebelde, la narrativa se volvió compleja y el papel se llenó de una modernidad que, incluso hoy, resulta sorprendente. Para cualquier coleccionista o amante del medio, sumergirse en sus páginas es redescubrir el momento exacto en que el tebeo español decidió hacerse mayor de edad

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