La trayectoria de James Bond en el noveno arte es tan extensa como su legado literario y cinematográfico, pero es en la etapa contemporánea, específicamente bajo el sello de Dynamite Entertainment, donde el personaje ha encontrado una voz propia que destila la esencia pura de las novelas originales de Ian Fleming. Esta descripción se centra en el relanzamiento moderno de la serie, que comenzó en 2015, y que ha redefinido al agente 007 para una nueva generación de lectores de cómics.
El cómic de '007 James Bond' se aleja deliberadamente de la espectacularidad pirotécnica de las adaptaciones cinematográficas más recientes para abrazar un tono de espionaje "hard-boiled", crudo y procedimental. La narrativa nos presenta a un James Bond que es, ante todo, un "instrumento romo" del gobierno británico. No es el galán infalible de la era de Roger Moore, ni el héroe atormentado de la etapa de Daniel Craig; es un asesino profesional, frío, eficiente y profundamente marcado por las cicatrices, tanto físicas como psicológicas, de su oficio.
La estructura de la serie suele dividirse en arcos argumentales autoconclusivos de seis números, siendo el primero de ellos 'VARGR', escrito por Warren Ellis e ilustrado por Jason Masters. En esta etapa inicial, la trama sitúa a Bond de regreso en un Londres gris y burocrático tras una misión en el extranjero. Su tarea parece sencilla: asumir la carga de trabajo de un agente 00 fallecido y desmantelar una red de tráfico de drogas sintéticas que está inundando las calles. Sin embargo, lo que comienza como una operación de limpieza rutinaria escala rápidamente hacia una conspiración tecnológica y biológica que pone a prueba la capacidad de supervivencia de Bond en un mundo que empieza a considerar a los agentes de campo como reliquias obsoletas.
Uno de los pilares fundamentales de este cómic es el tratamiento de los personajes secundarios y la infraestructura del MI6. M es retratado como un administrador pragmático y severo, cuya relación con Bond es estrictamente profesional y, a menudo, tensa debido a las restricciones presupuestarias y políticas. Moneypenny, lejos de ser un alivio cómico o un interés romántico pasivo, se presenta como una agente capaz y una pieza clave en la logística de las misiones. Por su parte, Q abandona los artilugios imposibles para centrarse en tecnología de vanguardia realista, armamento táctico y soporte técnico que se siente tangible y peligroso.
Visualmente, el cómic destaca por una narrativa cinematográfica de ritmo pausado pero implacable. El dibujo de artistas como Jason Masters o Rapha Lobosco apuesta por líneas limpias, una arquitectura detallada y una coreografía de acción extremadamente precisa. Las secuencias de combate no son coreografías estilizadas, sino intercambios brutales de violencia donde el posicionamiento, el uso del entorno y la gestión de la munición son vitales. El uso del color suele ser sobrio, acentuando la atmósfera de realismo sucio y la frialdad de los escenarios europeos.
A medida que la serie avanza hacia arcos como 'Eidolon' o 'Kill Chain', el cómic explora temas de relevancia geopolítica moderna: la vigilancia masiva, la privatización de la inteligencia, la guerra cibernética y las secuelas del colonialismo británico. El James Bond de Dynamite se mueve en las sombras de un mundo post-Guerra Fría donde las líneas entre aliados y enemigos son borrosas, y donde su licencia para matar es tanto una herramienta necesaria como una carga moral.
En resumen, el cómic de '007 James Bond' es una obra de espionaje puro que prioriza la atmósfera y el rigor táctico sobre el espectáculo vacío. Es una lectura esencial para quienes buscan recuperar al Bond literario: un hombre solitario que opera en los márgenes de la legalidad, enfrentándose a villanos cuyas motivaciones son tan complejas como los sistemas que intentan derribar. Es una visión sofisticada, violenta y elegantemente ejecutada que demuestra que el agente secreto más famoso del mundo todavía tiene mucho que decir en el formato de la viñeta.